Si me sigues con regularidad, quizá ya sabes que últimamente estoy más involucrada en la vertiente de crecimiento personal de Loto Verde, y que vengo realizando periódicamente talleres gratuitos de Gestión Emocional (al final del artículo te digo más). Uno de los más exitosos de estos talleres ha sido el de «Mejorando mi Autoestima», así que me he decidido a escribir un post sobre este tema, para que, si no has podido asistir a los talleres presenciales que organizo en Madrid, al menos te lleves unas nociones generales de mi forma de enfocar el tema.

 

La teoría

 

Autoestima, ¿qué es?

Según la RAE, Autoestima se define como: «Valoración, generalmente positiva, que uno tiene de sí mismo.»

Podemos ampliar esta definición y decir que la autoestima es el conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nuestra persona, hacia nuestra manera de ser, y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. 

La clave de la autoestima, desde mi punto de vista, es saber integrar todos los aspectos de nuestra individualidad: cuerpo, emociones, mente y espíritu, en un proceso de coherencia que va desde dentro hacia afuera.

El problema surge cuando tenemos dificultades con ella y, por los motivos que sea (ahora veremos cómo aproximarnos a las causas), tenemos una autoestima más bien baja. Esto tiene muchas implicaciones a nivel personal, social, laboral, relacional… Ten en cuenta que la percepción que tienes sobre ti misma es determinante a la hora de establecer relaciones sanas, respetarte, ser consciente de tus necesidades y de cómo satisfacerlas, saber decir que no y poner límites…

En definitiva, la autoestima es saber reconocer y confiar en tus capacidades, tu valía y tus talentos, pero también es saber aceptar tus defectos. Recuerda que, para amar a los demás, es imprescindible aprender a amarte a ti misma.

Una baja autoestima también puede manifestarse en nuestro comportamiento de diferentes maneras, por ejemplo, teniendo tendencia al hipercontrol (la sensación de no tenerlo todo controlado nos produce angustia), al hiperfeccionismo (nada está nunca lo suficientemente bien, podría estar siempre mejor) y a la hiperevitación (para no hacerlo mal, directamente no hago nada). Estas conductas, que en principio parece que sirven para darnos seguridad y evitar angustia, acaban teniendo el efecto contrario: falta de espontaneidad, de creatividad, rigidez, frustración, insatisfacción, estado de alerta continuo, miedo al error, inactividad… y mucha ansiedad.

 

Aprendo a amarme

La clave para mejorar la autoestima, entonces, es aprender a respetarme y a amarme, aceptándome TAL CUAL SOY, trabajando lo que sea mejorable para mi propia evolución, pero sin culpa, rechazo o vergüenza por lo que ahora soy.

Para ello, tenemos que ser conscientes de todos nuestros condicionamientos, creencias limitantes, heridas infantiles y adultas, necesidades y la forma de negárnoslas o satisfacerlas… Además de aprender a valorar nuestros éxitos, reconocer nuestra valía personal y confiar en nuestras capacidades.

Prestar atención a las emociones, sentirlas en el cuerpo y aprender a darles su espacio, abrazándolas en lugar de intentar evitarlas, es una parte fundamental del proceso, así como reconocer sentimientos, sensaciones, necesidades… Una persona que se ama a sí misma tiene un elevado nivel de comunicación corazón-mente, disfruta de una gran coherencia interna.

 

La práctica

 

Ahora vamos a ver cómo trabajamos en mis talleres todo esto. Si quieres vivir la experiencia más allá de leer lo que escribo, te invito a que cojas lápiz y papel, que te vayas a un lugar tranquilo, te tomes tu tiempo, y te pongas manos a la obra. Te va a llevar un rato (suelo hacer talleres de un par de horas, aunque si lo haces sola será bastante menos), así que «no rush».

 

1. Toma conciencia de cómo estás

Te sugiero que te tomes unos minutos para escuchar y practicar la meditación de enraizamiento que te propuse en mi última entrada al blog (puedes encontrarla AQUÍ)

 

2. Date cuenta de tus sensaciones físicas

Pregúntate en qué situaciones sientes la falta de autoestima. Quizá te cuesta hablar en público, o quizá tienes tendencia a relacionarte con los demás de forma problemática (relaciones tóxicas). Quizá notas que no estás cómoda tomando decisiones, o que te cuesta arrancar proyectos por miedo a equivocarte. O tienes la sensación de que todo el mundo «te mangonea» y no sabes decir que no.

Lo que te pido es que te des cuenta de cómo se manifiesta en ti la falta de autoestima (que suele ser una suma de varias cosas), y que te sitúes en un contexto o un episodio que hayas vivido en el que notaste que te fallaba la confianza en ti misma. Cierra los ojos y visualízate, y sobre todo, siéntete. ¿Cómo estás? ¿Qué notas? ¿Qué sensacionas? Quizá se te acelera el pulso, o se te hace un nudo en la garganta, o sudas, o tiemblas, o titubeas, o te cuesta pensar y expresarte con claridad, o se te encoge el estómago… ¿cómo es para ti? Y ahora te pido que te des cuenta de qué emoción o emociones aparecen. ¿Hay vergüenza y miedo, hay rabia, hay tristeza? ¿Qué hay? Anótalo todo en tu cuaderno.

 

3. Escuchar el diálogo interno

Nos referimos a todo aquello que nos decimos, consciente o inconscientemente. Es nuestra forma de hablarnos a nosotros mismos, y puede ser constructiva o destructiva (normalmente la baja autoestima lleva asociado un diálogo interno excesivamente crítico y negativo, limitante). Vuelve a la situación en la que estabas y date cuenta de cómo te hablas y de qué te dices («no te va a salir bien», «vas a hacer el ridículo», «seguro que le caes mal», «la vas a cagar otra vez», «eres un inútil»…). Anótalo todo, también el tono con que te hablas (rabia, desprecio, duda, miedo…), lo necesitaremos más adelante y no quiero que se te olvide 😉

 

4. Identificar las voces internas

Ahora vamos a intentar darnos cuenta de dónde vienen estas palabras, porque seguro que alguien te las dijo alguna vez antes de que, ahora, te las estés diciendo tú. Suele ser un miembro de la familia (o varios), un profesor, un compañero del colegio o del trabajo, un jefe… Con esto pretendemos darnos cuenta de que todo esto no te lo dices tú, sino que te viene de fuera. ¿Con quién te estás identificando? ¿A quién te has «tragado» que ahora habla a través de ti?

Ahora que nos hemos dado cuenta de todo esto, vamos a desapropiarnos de estas palabras, desidentificándonos con la persona o personas que nos hablaban de este modo. Para hacer la tarea un poco más sencilla, vamos a poner nombre a cada una de estas voces, vamos a crear una serie de personajes que, a partir de ahora, llamaremos «El Juez», «El Crítico Interior», «El Perfeccionista» y «El Controlador». Estas cuatro voces esconden un enorme miedo al fracaso, provocado normalmente por un sentimiento temprano de no haber sido lo suficientemente amados. De ahora en adelante, cuando te descubras hablándote de este modo, date cuenta del personaje que habla en realidad, y nómbralo («¡Ah! ¡Apareció el Perfeccionista!»). El resultado de esto es que aparece una nueva voz, «La Víctima», que serías tú. El trabajo ahora es decidir dejar de ser esta Víctima, ya que nosotras mismas nos estamos convirtiendo en víctima y verdugo. Puedes incluso decírtelo: «Decido dejar de ser mi propia Víctima».

 

5. Tomar conciencia de mis necesidades

Ahora vamos a tratar de recapitular, teniendo en cuenta las emociones identificadas en el segundo paso, el diálogo y las voces internas. Y lo hacemos, ni más ni menos, para darnos cuenta de las necesidades insatisfechas que se esconden detrás de todo esto. Quizá necesitas que alguien confíe más en ti, o que te muestre su afecto con mayor frecuencia. Quizás necesitas apoyo, que te escuchen, que te entiendan. Quizá tuviste malas experiencias en algún período de tu vida y aún no las has podido procesar, porque nunca has hablado de ellas. Quizá necesitas decirle algo a alguien, o que te digan algo… hay infinidad de opciones.

Por lo tanto, las preguntas que te invito a hacerte son ¿Qué necesito? ¿De quién? ¿Puedo pedírselo? (quizá has perdido relación, incluso la persona en cuestión ha fallecido). Y esta persona, ¿me puede dar esto que pido? ¿Quiere? (Es importante considerar las capacidades de los demás, sus deseos, sus decisiones, su libre albedrío… sobre todo en materia emocional y sentimental). Si creo que sí, que la otra persona puede y quiere darme lo que le pido, habrá que aprender a pedirlo. Quizá estoy dando por hecho que puede leerme la mente, que «debería saber lo que me pasa» (¡típico en parejas!), o estoy exigiendo que me den algo sin ni siquiera haberlo pedido. ¿Soy capaz de pedir sin exigir? Una cosa que ayuda es lo que se suele denominar «Comunicación Consciente», que es hablar desde el «cómo me siento con lo que pasa» en lugar de hacerlo desde mi interpretación de lo que pasa (¿Ves la sutil diferencia entre decir “Me he sentido insultada y dolida” frente a “Me has insultado y herido”? La primera opción es indiscutible, la segunda siempre se puede rebatir según la interpretación del otro. Otro ejemplo sería decir «Siento que no pasamos suficiente tiempo juntos y me gustaría compartir más cosas» en lugar de «Vas todo el día a tu bola y me tienes abandonado»).

Si, por el contrario, me doy cuenta de que la otra persona no puede o no quiere darme esto que quiero pedirle, tendré que ser capaz de aceptarlo y vivir con su negativa («No le pidas peras al olmo»). En este caso, ¿hay alguna manera de, en lugar de pedir, darme yo misma lo que necesito? Quizá la cuestión sea empezar a cuidarme más, a comer mejor, a hacer más cosas que me gustan y me motivan, a ser más selectiva en mis relaciones, o más abierta, a llevar un diario cuando necesito desahogarme y no tengo con quién hacerlo… APRENDE A DARTE TÚ MISMA EL AMOR QUE NECESITAS, EL AMOR QUE PIDES A OTROS. Una idea es imaginar cómo te gustaría que te tratara tu pareja (la tengas o no) y tratarte tú así. O tus padres, si la cosa viene por el lado de la familia.

En definitiva, el ejercicio ahora es darte cuenta de la persona adulta que eres y de tu capacidad para darte a ti misma (normalmente se lo damos a nuestra niña herida) eso que no te dieron en su momento y que ahora sigues necesitando. A veces, llegados a este punto, conviene hacer un pequeño trabajo para sanar la relación con tu Niño Interior (esto lo veremos otro día, que bastante largo me está quedando este artículo…).

 

6. Principio de realidad

Te voy a pedir que vuelvas al diálogo interno, a esas palabras que anotaste que te dices en situaciones difíciles. Y ahora quiero que te preguntes: Esto, ¿es absolutamente cierto, siempre? Es decir, si por ejemplo me estoy diciendo que la voy a cagar otra vez porque SIEMPRE la cago, ahora pensaré en si es verdad que la cago SIEMPRE. Seguro que no. Seguro que cuando te levantas por la mañana sabes cómo vestirte, cómo prepararte para ir a trabajar y sabes hacer tu trabajo, aunque a veces cometas errores. Seguro que sabes cuidar de tus hijos, si los tienes, y haces un montón de cosas bien, de manera que puedes ver que algunas cosas no, pero muchas otras, sí. ¿Por qué ver el vaso medio vacío y no medio lleno?

Y eso es lo que te voy a pedir, que escribas una lista de, por lo menos, 5 cosas que sabes hacer bien, 5 talentos que te salen de forma natural o no natural, (quizá te has preparado y estudiado mucho para ello). ¿Tienes dificultades para encontrar cinco? Sigue buscando, aunque te parezcan cosas tontas. Quizá sabes cocinar muy bien, o cantar, o contar chistes. Quizá tocas la guitarra. O eres capaz de correr 10 km en 40 minutos. O no hay quien te gane al mus. Quizá tienes un ojo envidiable para la decoración o la moda. Quizá sea el bricolaje o la informática. Y oye, que no sabes por qué pero haces cálculos a toda velocidad. O hablas un par de idiomas más o menos bien. Venga, piensa.

 

7. Desarrollo de la Mirada compasiva

De lo que se trata ahora es de aprender a aceptar tus errores y a desligar tu percepción de tu valía personal del valor de lo que haces o dejas de hacer. Ya has visto que hay veces que te equivocas, como todo el mundo. Y que otras veces haces cosas que no sólo se te dan bien, sino que te gustan, como todo el mundo también. La idea es, cuando cometes un error, darte cuenta de qué ha pasado, como se podía haber evitado, y saber obtener el aprendizaje necesario para que no se vuelva a repetir, o se repita con menor intensidad o frecuencia. Quizá te des cuenta de que hay cosas mejorables, pero de eso NO depende tu valor como persona.

Puedes preguntarte también, «Si esto lo hubiera hecho otra persona, ¿sería tan crítico como cuando lo hago yo?» ¿Por qué, a veces, somos más indulgentes con los demás que con nosotros mismos? Cometer errores es de sabios, como decía, es parte fundamental del aprendizaje. Entonces, ¿por qué me castigo?

Mi valía personal no depende del resultado de lo que hago, siempre y cuando mi intención sea buena.

Aprendemos a perdonarnos los fallos y liberar culpa (apúntate esta frase y póntela en el espejo si hace falta):

Lo has hecho lo mejor que has podido.

Aprendemos a respetar nuestras dificultades:

No me expongo a situaciones incómodas hasta que no tenga trabajado eso que ahora me resulta complicado gestionar.

 

9. Sentir mis éxitos

Ahora te voy a pedir que vuelvas a cerrar los ojos (bueno, cuando acabes de leer este párrafo) y que te sitúes en un contexto en el que las cosas te salen bien. Puedes usar esa pequeña lista de talentos que elaboraste en el punto 6. Date cuenta de cómo te sientes ahora. ¿Qué emociones aparecen? Toma conciencia de cómo te sientes, qué sensaciones corporales te produce la satisfacción contigo mismo. Quizá ligereza, o que respiras mejor, o que el corazón late más lento y puedes oírlo y sentirlo… Quizá se te relaja la cara y se dibuja una sonrisa… Quizá sientes que se te hinchara el pecho con aire limpio, o que la musculatura se afloja… Quizá sientes alegría, incluso euforia, y el pulso se te acelera de la emoción y el entusiasmo y te dan ganas de bailar… Sea lo que sea, almacena estas sensaciones en tu memoria corporal, sabiendo que puedes recurrir a ellas en cualquier momento, que eres capaz de sentirlas, que son tuyas.

Y ahora, intenta desligar estas sensaciones de la situación en la que te estás ubicando. Quédate sólo con las sensaciones físicas, sintiéndote, sin darle ya más peso a la situación en sí. Te sientes bien, alarga este momento tanto como puedas, vívelo. Siente tu valía personal al margen de lo que haces o dejas de hacer, al margen de los éxitos o los fracasos. Repite conmigo:

Sé que tengo debilidades y cometo errores, pero soy una persona valiosa y confío en mis capacidades. Me amo y me acepto en mi perfecta imperfección.

10. Recapitula y saca conclusiones

¿De qué te has dado cuenta al hacer este ejercicio? ¿Cómo te sientes ahora? Apúntatelo todo en el cuaderno, y haz este ejercicio tantas veces como vayas necesitando (semanas, meses…) hasta que lo integres.

Un abrazo,

Irene.

Si te ha sido útil, recuerda que en la Agenda puedes encontrar todas las convocatorias de los talleres que organizo. Si necesitas apoyo personalizado, puedes ponerte en contacto conmigo AQUÍ.

 

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