(Escrito como colaboración para la ATFI)

Reconozco que aún me sorprende la situación que estamos viviendo. Reconozco también que soy de las personas que, al principio, pensaba que esto era algo similar a los anteriores episodios de alerta por otras enfermedades, que al final resultaron ser más ruido que nueces. Y también reconozco que al principio me lo tomé un poco a risa, un “ya estamos otra vez” con ciertos tintes conspiranoicos. Por eso, quizá, me impactó tanto el cierre de los centros educativos, y poco después, de la mayor parte de los pequeños establecimientos. Eso ya me afectaba directamente, y ahí es cuando tomé conciencia de la gravedad de lo que estábamos hablando.

Nunca he tenido miedo a caer enferma, no sé si por protegerme con una estrategia de negación/racionalización o por confianza verdadera en mi buen estado de salud y en mi sistema inmune. También sé que el estrés y el miedo son los mayores depresores del sistema inmunológico, y que el pensamiento positivo es una de las mejores defensas. Al fin y al cabo, siempre hablamos de aquéllo del “pensamiento creador”… pues creemos salud. 

Respecto al confinamiento, la verdad, no me está causando demasiada inquietud. Hace 5 meses que di a luz, así que esta cuarentena no es muy diferente de un puerperio un poco prolongado. Desde mi casita en un pueblo de la sierra oeste de Madrid, todo se vive diferente. No salgo de casa, como no he salido apenas durante estos meses anteriores, salvo contadas excepciones. Pero tengo jardín, tengo naturaleza que puedo ver desde todas las ventanas de mi casa, me llega el olor a tierra mojada cada vez que llueve, y el sonido del río y los pájaros. Incluso veo a las vacas pastar desde mi cocina, soy afortunada. Puedo tomar el sol cuando sale. No, no me agobia el confinamiento, de hecho, le estoy cogiendo el gusto: al menos mi pareja está siempre en casa, así que tengo más ratitos para mí, que antes no tenía por estar sola con un bebé, y más ratitos con él. No soy una persona que necesite demasiada vida social, ni salir a comer o de compras. Hace tiempo tomé la decisión de simplificar mi vida, mis hábitos, así que llevo una vida sencilla. Adoro el silencio y la quietud, me nutren el alma. Además, sigo trabajando online, me va bien. No me puedo quejar.

Pero tampoco voy a mentir, sí he tenido algún episodio puntual de ansiedad. Me inquieto cuando toca ir a la compra, aunque no sea yo quien vaya. No tengo miedo a la enfermedad, como decía, confío en la sabiduría de mi cuerpo y en su fortaleza. Pero sí he tenido miedo, aunque no sé bien a qué, quizá a ser transmisora de un virus que acabe haciendo enfermar a alguien más frágil que yo, no lo sé. Una especie de temor tipo Aspen, indefinido, incierto. También he recurrido al Remedio Rescate en una ocasión, concretamente un día que me tocaba ir al centro de salud, en Madrid, a ponerle las vacunas a mi bebé, cita que, por su edad, no podíamos posponer. Ahí me di cuenta de que, tal vez, había estado viviendo en mi burbuja de arcoiris, ajena en mi pequeño mundo rural a todo lo que se estaba moviendo fuera de las paredes de mi casa. Tomé rescate durante dos días, la víspera y el día en cuestión.

Aunque ahora estoy de nuevo bastante tranquila, sé y siento que la presión del inconsciente colectivo es grande, así que me protejo, con el fin de tratar de mantener mi vibración alta para, por un lado, poder mantenerme serena y positiva, y, por otro, contribuir con mi granito de arena a que la densidad del entorno, que aumenta progresivamente con cada uno de los muertos, no nos acabe aplastando a todos (esa es mi sensación a veces). En esta línea, esta es la fórmula que estoy tomando: Red Clover (mantener la calma en un entorno de pánico colectivo) + Garlic (miedos y temores con un cierto intrusismo a nivel psíquico)  + Yarrow (protección frente a un ambiente tóxico), del Sistema Floral de California; Bendición de Fuego (liberar al cuerpo y al campo etérico de la contaminación energética) + Presencia (en el Aquí y Ahora no existe el miedo) + Unidad (si estás en la unidad del Ser, nada puede dañarte) + Libertad (para liberarse del poder de la mente y llegar al corazón), de Trembling Light Essences, una línea de esencias florales elaboradas en Cataluña que me gusta mucho por su altísimo poder vibracional y por la sutileza de sus efectos.

Procuro mantenerme positiva, aunque no siempre lo consigo, y sacar las lecciones del proceso. En mi caso, si algo estoy aprendiendo, es la necesidad (mía en particular y de la sociedad en general) de parar, de reducir y de simplificar; agradecer y contentarme con lo que una tiene; valorar el día a día como un momento precioso y único y no como un inventario de actividades realizadas; apreciar la quietud y el silencio y darme cuenta de qué me trae, aunque lo que me traiga sea tristeza, desgana y apatía; y aprender a vivir día a día, sin poder (incluso sin querer) hacer planes para un futuro que, hoy más que nunca, me parece tan incierto.

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