Y si improviso… ¿qué?

Reconozco que hasta hace un rato no tenía ni idea de qué iba a contar en este post. Quería escribir, sí, pero no sabía sobre qué. Muchas ideas y pocas formas concretas. Así que he decidido improvisar un poco, y a ver qué sale.

Recapitulemos…

Llevo unos días pensando en escribir algo para cerrar el año, para despedirlo, pero son tantas cosas las que diría que no me salía nada. Así que ahora, con la frescura del año que empieza, arranco y recapitulo. Y es que 2017 ha sido un gran año, un año muy intenso que, si tuviera que resumir en una palabra, diría que ha sido un año de reconciliación. Reconciliación con muchos aspectos de mi vida y de mí misma. En primer lugar, de reconciliación con mi propio cuerpo, permitiéndome sentir y aceptando sus cambios. Reconciliación con mis emociones, reconociéndolas, respetándolas y abrazándolas. Me gustaría decir que de reconciliación con mi mente, pero tengo la sensación de que, en cierta medida, la sigo forzando, y le sigo dando demasiada cancha. Reconciliación también, si queréis, con mi alma, ya que este año que ha terminado ha sido uno de los años de mi vida de mayores cambios, de mayor desnudez, de ir quitándome capas que me impedían verme y tomar el camino que siento que, ahora mismo, es el que tengo que tomar.

Pero aún hay más, porque este año también ha sido el año en que me he reconciliado con el amor y con la amistad, y esta reconciliación me ha ido permitiendo abrirme al otro en dos sentidos, en el de dar y en el de dejarme recibir. Me he reconciliado con mis necesidades más ocultas, más subconscientes, y, lejos de juzgarme por tenerlas, las he abrazado, y en lugar de seguir quejándome por las que están insatisfechas, me he preocupado por aprender a satisfacérmelas yo misma. O en eso estoy, al menos. Me he reconciliado también con mi lado femenino, dejándome sacar esa dulzura y esa sensibilidad que casi ni sabía que tenía (y que aún hoy me sorprende cuando salen), por haberlas reprimido tanto tiempo en pro de unas cualidades que se me contó que me harían llegar más lejos, y tan lejos me fui, que me perdí de vista.

También ha sido un año de transición, de ir dando pasos hacia este proyecto, Loto Verde, que no sé muy bien en lo que se va a convertir, pero que me llena de alegría e ilusión. Pero este camino, claro está, no viene exento de esfuerzo. La Maestría de Reiki, la formación como Profesora de Yoga, la TFI, la Maestría Entrespecies, la web (que también está sufriendo su propio proceso de evolución, y creo que así se va viendo en la manera en la que escribo), empezar a dar clases de yoga y cursos de Reiki… Y en lo personal, el aumento de la familia con la llegada de Yam (que me supuso un gran trabajo de transformación de la resignación en aceptación, del pretender que las cosas sean como yo quiera a respetarlas como son, de aprender a amar sin condiciones -no es fácil y aún no lo consigo-…), de volver a abrirme y confiar en la amistad, de aprender a soltar y despedirme de lo que ya no me nutre, de recolocar relaciones en el lugar en el que tienen que estar, sin pretender que ocupen los huecos que dejan las que faltan… Pero sobre todo, sobre todo, ha sido el año de empezar a florecer, y en vez de tratar de cumplir con lo que se espera de mí, comenzar a atenderme y, así, a liberarme.

Imagen: YouTube

… y mostremos gratitud.

Por fortuna, en este recorrido no me han faltado ni guías ni compañeros. Podría mencionar a muchas personas, pero la mayor parte de ellas me leen y ya saben quiénes son. Pero los incondicionales, los que no fallan, los que han sufrido mis gritos y explosiones de rabia, mis llantos y frustraciones, pero también mis muestras de alegría desmedida, dejándome llevar, alocada, por bailes y piruetas en la intimidad del hogar, sabiéndome libre de juicios… ésos no saben leer, y ésos tienen cuatro patas y muchos pelos. Nunca en mi vida he aprendido tanto de nadie como he aprendido de ellos, que me muestran lo mejor y lo peor de mí, y me acompañan cada día con su silencio, demostrándome que no hace falta decir ni hacer nada, simplemente hay que estar ahí, con el corazón abierto, sin más (ni menos).

Podría hablar aquí de cómo me ha ayudado también el Yoga en todo esto, o las esencias florales, o el proceso terapéutico, o el Reiki… Pero, en realidad, hoy no me apetece andar con formalismos ni quiero que este escrito se convierta en algo a lo que sacar partido de una forma teórica… Hoy simplemente pretendo hacer balance y dejarme llevar.

Muchas gracias por leerme, por estar ahí.

Hari Om Tat Sat,

Irene.

 

6 Comments

  1. Bonita reflexión.
    Te has reconciliado contigo misma desde tu interior.
    Tu camino no está en cielo, tu camino está en tu interior.
    No buscas fuera de ti,
    Buscas tu propia consciencia, eres tu misma, buscas tu propio yo y todo está dentro de ti.

    Y eso me ha encantado.

    Antonio Bravo

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