Yoga para Rock Water

El recto, el intachable, el asceta

Venía hoy pensando en Rock Water, ese tipo recto y correcto, frío, de actitud ascética, inflexible y extremadamente perfeccionista. Algo puritano, también. El rey del “debería”, el que no se sale del guión porque sabe (o supone) que el guión está perfectamente escrito. El que vive toda su vida pretendiendo ser un modelo de buen comportamiento y ejemplo a seguir. El que no se salta las normas, el que, al final, de tanto ajustarse y contenerse vive encerrado en su propio anhelo de perfección, sin alegría, sin espontaneidad, sin gracia.

Y venía también pensando qué le recomendaría a un Rock Water desde el Yoga. O a las personas (que somos muchas) que, sin ser de una forma tan extrema o exagerada, algunas veces sacan ramalazos de este tipo floral, bien por la propia personalidad o bien, como suele pasar, por esa vocecilla que Rock Water tiene dentro y que le va frustrando e impidiendo cualquier gesto espontáneo, cualquier salida de la norma… todo un Don Pepe Grillo (porque Pepito se queda corto). Esta voz no siempre es suya (y no suele serlo), sino que le viene heredada de padres, abuelos, otros familiares, maestros, o cualquier otra persona influyente. Ese pequeño sargento que en aquella ocasión (normalmente en la infancia) que Rock Water se salió de “lo que se esperaba de él” vino a visitarle y le hizo sentir tan sumamente mal que le acabó dando cobijo y haciéndolo suyo, identificándolo a partir de entonces, consciente o inconscientemente, como una parte más de sí mismo.

 

La recuperación de la frescura

Entonces, ¿qué beneficiaría a Rock Water? Pues creo que le vendría muy bien una práctica de Yoga basada en la autoescucha, en la sensibilidad, en el contacto con la respiración y con el cuerpo. Una práctica cargada de dulzura, de flexibilidad, de conexión consigo mismo, que es precisamente lo que ha perdido al hacer suya la voz de otro, los deseos de otro, los patrones de otro. En principio, estas características parecen inherentes a la práctica de Yoga, pero la realidad es que no siempre lo encontramos. Muchas veces caemos en la autoexigencia, en la competitividad, en la rigidez, en la práctica forzada, en pedirle al cuerpo más de lo que puede dar, en lugar de escucharlo y respetar sus tiempos. Creo que Rock Water debe alejarse de estos patrones que a la larga me parecen destructivos y que nos alejan de nosotros mismos. Una práctica de un Yoga suave y que deje lugar a la espontaneidad, en darle al cuerpo, al ser, todo aquéllo que necesita. En volver a reconocer la voz propia y hacerse cargo de ella. En aprender a discernir lo que es suyo de lo que no lo es.

Y precisamente en esto último, en ganar discernimiento, tiene mucho que aportar la meditación. Ya hablé en su día de los beneficios de la meditación para Water Violet, haciéndole ganar en conciencia de unidad y en vocación de servicio al otro, que es en realidad servicio a sí mismo. Para Rock Water la meditación, al igual que el pranayama, me parecen fundamentales para encontrar en sí mismo estas voces internas que venimos comentando que no son realmente suyas, para ganar en perspectiva, en centramiento y en amplitud de miras, obteniendo una visión más integradora tanto del otro como de sí mismo y para conocerse y reconocerse en su propia voz.

 

Práctica de asana

No olvidemos que Rock Water es la única esencia bachiana que no proviene de una flor, sino que es pura agua. Esto ya nos dice mucho, nos lleva inmediatamente a pensar en lo emocional, en el segundo chakra (Svadistana), en la introversión (entendida ésta no como cerrarse al mundo sino como volver la mirada hacia adentro), en lo sinuoso, en la fluidez, en todo lo Yin, lo lunar. Por eso, me parecen interesantes los asanas que movilicen la pelvis y las caderas, ya que Rock Water necesita una buena dosis de contacto con su creatividad y su sexualidad (tengamos en cuenta el lado puritano y la desconexión con su cuerpo), en definitiva, asanas que afecten al segundo chakra. Interesantes también los asanas que contrarresten el exceso de Yang.

Centraremos la práctica entonces en posturas pasivas, sentadas y flexiones (hacia adelante), trabajando además la ganancia progresiva de flexibilidad (no olvidemos que Rock Water suele tener tendencia a la rigidez articular), primero a nivel físico, pero que después se acaba traduciendo en flexibilidad mental. Como posturas concretas, me parecen perfectas Paschimottanasana (pinza sentada), Ardha Matsyendrasana (media torsión espinal), Balasana (embrión), Badha Konasana (mariposa, tanto sentado como tumbado boca arriba), Malasana (la rana), Janu Sirsasana (cabeza a rodilla) y Matsyasana (el pez, que aunque implica extensión de la espalda, tiene gran influencia sobre este chakra), entre otras.

Badha Konasana, Balasana, Paschimottanasana; Janu Sirsasana, Ardha Matsyendrasana, Matsyasana

Sin duda, otra cosa que le recomendaría a Rock Water es bailar, que tiene que ver con el Yoga mucho más de lo que pensamos… el baile nos conecta directamente con nuestro lado más íntimo, más creativo, más espontáneo, más sensual. No hace falta tomar clases ni acudir a ningún local, sirve perfectamente (y diría que casi mejor) un entorno en el que sentirse libre, tanto a nivel de movimientos como de juicios, sentirse uno mismo, dar rienda suelta a las fantasías y alegrías, a las emociones, a la naturalidad. Un baile, si se quiere, con los ojos cerrados, para centrarse únicamente en las sensaciones y la experiencia en el propio cuerpo. Esto, sin duda, también es Yoga.

 

Hari Om Tat Sat,
Om Shanti, Shanti, Shanti.

Irene.

 

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