La semana pasada empezábamos a dar claves que te acercan a una vida más en paz. Si no lo leíste, aquí tienes las 5 primeras.

¿Seguimos?

6.Coherencia interna.

La coherencia interna es la concordancia entre lo que sientes, lo que piensas, lo que expresas y lo que haces. Que tu mente y tu corazón vayan en línea, y no cada una por su lado.

No te haces una idea de la cantidad de conflictos internos que puedes resolver si te guías por esta premisa, que es encontrar ese punto de armonía y de alineación entre estos cuatro factores: el sentir, el pensar, el hablar, el actuar. De nada sirve que sientas pena cuando comes animales si los sigues comiendo, por ejemplo. O al revés, de nada sirve que te muestres compasiva con ellos si en el fondo no lo sientes. De nada sirve que digas «Te quiero» si luego engañas. De nada sirve que pienses que quieres hacer algo si luego no lo haces. Y no es que no sirva de nada, sino que te aleja de tu centro, te aleja de la sensación de estar en paz.

Si ya no te sientes bien en tu trabajo, cambia. Si sientes miedo, exprésalo y busca ayuda si crees que la necesitas. Si piensas que algo debería ser diferente, ponte manos a la obra y cámbialo. Atrévete a seguir tus sueños, aprende a conectar con tu sentir y, desde ahí, a tomar decisiones y moverte. No permitas que todos los pensamientos se queden en el aire y no se materialicen nunca. No permitas seguir con una vida que ya no te hace feliz y con la que no te sientes bien, y no permitas que todo se quede en deseos y en palabras, o ni siquiera eso, que se quede en fantasías.

 

7.Ama y déjate querer.

Nunca vas a estar en paz del todo si no te permites amar y ser amada, porque es ahí donde está la verdadera plenitud, y porque, seguramente, si no lo estás permitiendo es porque tienes corazas y barreras que romper. Así que la cosa se resume en que para amar y amarte, tienes que conocerte así que hay que hacer un profundo trabajo de autoconocimiento.

El primer paso para querer y dejarte querer es que te ames a ti misma, y eso no lo vas a conseguir si no ves y abrazas tus luces y tus sombras, tus virtudes y tus defectos. Habrás oído mil veces eso de que «si no te quieres a ti misma no puedes querer a los demás», y es verdad. El trabajo con la autoestima es el primer paso para poder amar de forma sincera y honesta a otras personas y a otros seres, y para eso tienes que atreverte a mirar hacia adentro y ver todo lo que hay ahí (ya te advierto que te llevará toda la vida).

Vamos ahora un paso más allá, porque también te digo que si no eres capaz de amar a otros, tampoco vas a amarte del todo a ti misma. Me da igual que sea una pareja, la familia, los amigos, tus compis animales, tus plantas, tu vida, lo que sea. Pero ama. Esto es un camino de ida y vuelta, el amor es bidireccional, o multidireccional. Nunca va a ser completo si no va desde ti hacia afuera y desde afuera hacia ti, es decir, si no amas y no te permites que te amen, si no te amas a ti misma, nunca vas a estar en paz. Así que trabaja para descubrir qué es lo que te está impidiendo amarte en primer lugar, qué te impide dejarte amar después y que te impide amar a los demás en último lugar. Spoiler: lo irás descubriendo todo a la vez, y todo se te irá colocando. Disfruta.

 

8.Trabaja la aceptación, la compasión y el perdón.

No confundas aceptación con resignación. Aceptación es observar las cosas como son y dejar de pretender cambiarlas, es aprender a amar tanto lo que te gusta como lo que no. Da igual si es algo en otra persona que te molesta, en una situación, en una experiencia. Cuando empatizas, cuando comprendes, cuando consigues ver más allá y perdonas, entonces aceptas, y en ese momento dejas de sufrir, y te acercas un poco más al estado de paz. Cuando te resignas, ni comprendes, ni perdonas, ni dejas de sufrir.

Te pongo un ejemplo. Quizá ya sabes que vivo con varios animales, entre ellos, una gata y un gato que están todo el día a la gresca por diversos motivos. La situación es incómoda para todos (no sé si has presenciado alguna vez las peleas de gatos…), y al principio nos enfadábamos mucho con ellos. Priemr paso: empatizar, ver qué está pasando y cómo se siente cada uno de ellos con las circunstancias, qué les está llevando a comportarse así. Segundo paso, compasión, entender y respetar sus procesos, darles tiempo, darles espacio. Tercero, perdón, tanto hacia ellos, que hacen lo mejor que pueden, como a nosotros, por no saber llevarlo. Y todo eso te lleva a aceptar la situación, que es la que es. Hacemos lo que podemos para mejorar las cosas, pero si ya no depende de nosotros, sólo podemos respetar lo que sucede y vivir con ello tal cual. Aceptación. En el momento que aceptas de verdad y dejas de pelearte con lo que pasa, dejas de sufrir, y estás más en paz.

Hay una frase que me gusta mucho, conocida como la oración de la serenidad, que resume muy bien lo que digo:

Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia.

Respecto al perdón, sólo matizar que no se trata de un perdón egoico, no se trata de que perdones de palabra a alguien porque ese alguien te ha ofendido o disgustado, colocándote en un plano superior al otro (YO te perdono a TI, fíjate qué buena soy) sino que en tu fuero interno hagas las paces con esa situación y perdones desde tu yo más íntimo, de una forma auténtica y verdadera, sin rencor, sin apuntarlo en una lista de cosas que echar en cara más adelante, sino con compasión auténtica, con empatía, con comprensión. Eso es lo que te va a dar verdadera paz. Y, por supuesto, en este apartado entra también el perdón hacia una misma, es decir, liberarte de la culpa. Todas cometemos errores, no somos perfectas… Lo hacemos lo mejor que podemos. Vivimos y gestionamos cada experiencia con las herramientas que tenemos, y actuamos según nuestro nivel de conciencia en cada momento. Si te sientes culpable por lo que sea, saca la lectura que tengas que sacar, aprende del error, discúlpate con quien se haya visto afectada, responsabilízate de tu parte, perdónate y pasa página.

 

9.Dale espacio en tu vida a la espiritualidad.

Hablamos de espiritualidad y no de religión, ojo, porque la diferencia es muy grande. Desde mi punto de vista, la religión nos coloca en una posición infantilizada (se nos dice qué está bien y qué no, cómo debemos actuar, y se nos juzga, premia o castiga por ello) mientras que la espiritualidad se experimenta desde una posición más adulta, más responsable. La espiritualidad para mí es entenderse y experimentarse como un ser conectado consigo mismo y con todo lo demás. Es entenderse como creadora y responsable de su propia realidad. Es entender que dios no está fuera, sino dentro, o, más bien, que una misma es dios. Esto así leído queda un poco fuerte, sobre todo si es la primera vez que lo escuchas… no lo juzgues, sólo quédate con la posibilidad de que sea así como lo acabas de leer.

A esta conclusión de que «Yo soy Dios» no se llega así como así ni es algo que te tengas que creer porque yo lo diga… Simplemente date el tiempo y el espacio para conectar contigo misma, para estar en silencio, para rodearte de naturaleza y dejarte absorber por ella, para experimentarte como un elemento más de la creación. No estás tú y luego aparte todo lo demás. Tú eres lo demás, tú eres parte de todo el engranaje que es la vida, tu cuerpo, tus emociones, tu mente, tu capacidad para crear tu realidad… todo eso es parte de un Yo mucho más grande de lo que abarca tu propio cuerpo.

Quizá el primer paso es conocerte, quizá puedas hacer terapia, o practicar la meditación, o cualquier actividad que te ayude a estar presente y en contacto con tu intimidad. Como sugerencia, te invito a que hagas estas actividades en silencio, sin música, sin ruido, y a veces si puedes, sin compañía. Deja el móvil a un lado y permítete estar sola, contigo. Y poco a poco vas observando lo que va surgiendo de ahí, cómo te sientes, qué piensas, cómo respiras… ¿Te das cuenta de que puedes observar tu cuerpo, pero también tus emociones y tu mente? ¿Sí? ¿Y te has dado cuenta de que si puedes observarlo es porque hay algo o alguien que lo osbserva? ¿Y quien es ese algo o alguien? Tu conciencia. Eres conciencia. De eso hablamos cuando hablamos de espiritualidad.

 

10. Vive en gratitud.

Cierro la lista de las 10 claves con una bien importante, la gratitud, entendida como un estado del ser. No se trata de que vayas diciendo la palabra «Gracias» a diestro y siniestro, sino de sentirlo. Sentir agradecimiento por todo lo que tienes, por todo lo que eres, por tus experiencias, que te ayudan a crecer, por respirar, por estar viva. Gratitud por ser quien eres y estar en el punto en el que estás. Gratitud a secas.

Es importante que vayamos aprendiendo a separarnos de la queja y del juicio. Te propongo un reto: ¿te has dado cuenta de la cantidad de horas al día que inviertes en juzgar (para bien o para mal) y en quejarte? En serio, obsérvalo. Cada vez que opinas, cada vez que interpretas las motivaciones de los otros, cada vez que emites un juicio sobre otra persona (o ser) o sobre ti misma, te estás alejando de la gratitud. Cada vez que te quejas, todavía más. La queja es un veneno tan tóxico como el rencor. Nos quejamos por nuestra incapacidad o falta de voluntad de cambiar las cosas. Nos quejamos como desahogo muchas veces, pero detrás lo que hay es una actitud victimista, ¿te has dado cuenta? El «Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así». Es falta de voluntad de responsabilizarte de lo que te sucede, o de aceptar tu respuesta a lo que sucede.

Así que, como te decía, te propongo que, si dejar de quejarte es todavía complicado, porque el hábito es fuerte, que al menos te des cuenta de la cantidad de veces al día que te quejas por cosas incluso insignificantes. El siguiente paso sería dejar de hacerlo. Y el siguiente, agradecer lo que te está sucediendo como parte de una experiencia o de una realidad que te ayudará a crecer. Agradece al menos que estás viva.

 

Espero que estas claves te ayuden a disfrutar de una vida más serena, más armónica, y a estar más en paz.

Irene.

 



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