Hoy quiero hablarte de esta costumbre que tenemos de dar nuestra opinión, nuestro juicio y nuestra interpretación de lo que sucede, especialmente en el contexto de una sesión de Reiki, aunque en realidad puedes aplicarlo a cualquier ámbito de la vida (si no eres reikista, te invito a que sigas leyendo y apliques lo que te sirva). ¿Te ha pasado? Das o recibes Reiki, sucede lo que sucede durante la sesión, y ya estáis la reikista o tú, o ambas, intentando analizar mentalmente e interpretar lo que acaba de suceder allí: que si hay un bloqueo en el quinto chakra porque te cuesta decir lo que piensas, que si tienes el tercer chacra «cerrado» porque tienes problemas de autoestima, que si el sexto no va bien porque le das muchas vueltas a la cabeza… Y peor aún, nos ponemos a dar soluciones: «lo que deberías hacer es abrirte más al amor»; «deberías tomar pasiflora, que te ayudará a relajarte», «deberías tratar de estabilizarte, que te veo con el primer chakra tocado y eso es que no te acabas de asentar»… ¿Qué está pasando ahí en realidad? Te doy mi opinión, porque sí, lo confieso, yo también he estado ahí.

 

Mi experiencia personal

Voy a empezar por ponerte en antecedentes y contarte mi experiencia, y, a través de la escucha, la observación y el autoestudio (lo que en yoga se conoce como Svadhyaya, ya que estamos). Partimos de la base de que siempre he tenido la sensación de tener muy poca sensibilidad en mi cuerpo. Un umbral tirando a alto para el dolor, una fachada de aquí no pasa nada y esperar a estar a solas para derrumbarme, incomodidad en el contacto físico salvo con personas con las que tenía mucha confianza y proteger mi espacio personal por sentirme incómoda cuando lo invaden, además de una incapacidad para sentir, así en general, que me ha costado años resolver. Si fuera un personaje del Mago de Oz, habría sido el Hombre de Hojalata. Lo mismo para expresar emociones, sentimientos y necesidades. El porqué de esto, pues te lo puedes imaginar, todos tenemos una infancia, y cada una se protege como sabe y como puede para no sufrir. No hace falta haber sido víctima de abusos ni tener traumas serios, sólo se necesita una niña herida por cualquier motivo que podría parecer absurdo desde la perspectiva del adulto. Pero ahora no me quiero entretener con esto, que tampoco quiero desviarme del tema y estamos hablando de Reiki.

Sigo. Te cuento esto porque cuando me inicié por primera vez en reiki no sentí absolutamente nada, y digo NADA, así en mayúsculas. Y me ponía a practicar y apenas sentía cierto calorcillo en las manos, y con eso me contentaba. Y veía a mi maestra y a otras compañeras que hablaban maravillas, y que eran capaces de identificar bloqueos, y de tener percepciones de la vida y milagros de la persona receptora en cuestión, y yo me frustraba mucho, pensando un «Jo, yo no siento nada de eso, ¿y si estoy haciendo algo mal?» Luego ya a medida que fui practicando (reiki y otras cosas) e iniciándome en los niveles sucesivos fui ganando sensibilidad, pero tampoco es que sea, a día de hoy, una persona especialmente sensitiva, al menos para lo que se ve por ahí.

Y, EUREKA, esta frase lo dice todo: «Al menos para lo que se ve por ahí». Y es que si de algo me he dado cuenta, es que no todo el mundo que dice que siente algo, realmente lo siente o sí lo siente, pero la diferencia da igual. Me explico mejor. Sin poner en duda que hay personas con capacidades intuitivas y sensitivas asombrosas, que de hecho las hay, y las admiro, también sé que hay personas que, sin tener en absoluto mala fe y de forma totalmente inconsciente, ponen cosas en la sesión de reiki que son de su cosecha: proyecciones, juicios, interpretaciones… En realidad, si se siente calor o frío o te viene a la mente una imagen de un caballo blanco rodeado de luz violeta no tiene significado alguno, es una interpretación mental de algo que trasciende a la mente, porque sucede en el campo energético. Repito, es sólo la manera que tiene tu mente (la tuya, como reikista, no la del receptor) de intentar interpretar lo que está pasando, nada más, y no tiene mucha relevancia la mayor parte de las veces, porque lo que está sucediendo ahí no compete a la mente.

¿Te pasa a ti como reikista? Tranquila, te voy a hablar sobre varias causas que explican lo que está pasando, y que de hecho observarlas me han ayudado a mí para que ahora me dé igual si siento más o menos, si detecto bloqueos o no, y que haya podido acabar con la necesidad de darle un parte detallado a la otra persona cuando acabo la sesión sobre lo que he sentido y cómo la he notado. Otro día hablaré de lo que pasa desde el punto de vista del receptor, hoy me centro sólo en lo que puede te pasar a ti cuando eres tú quien canaliza.

 

1. No tener trabajadas tus propias emociones.

Para mí esta es una de las razones fundamentales. La mente es una gran proyectora. ¿A qué me refiero con esto? Que todo lo que tengas por ahí escondido debajo de la alfombra porque te aterra sacar a la luz, va a salir por otro sitio, normalmente lo vas a ver en los demás. Me explico mejor. Seguramente habrás oído hablar de la famosa sombra, esa parte de ti que queda relegada al subconsciente (reprimida) porque o no te gusta, o te da miedo sacarla, o te la niegas por temor al rechazo, o ni siquiera sabes que existe. Entonces la mente, o el ego, que es sibilino, se dedica a sacarlo fuera de ti y verlo en todas partes para poder señalarlo con el dedo como si fuera algo que no tiene nada que ver contigo, porque de hecho, no quieres que tenga nada que ver contigo. Una pista para saber que es tuyo es que lo desprecias, te saca de quicio. Ejemplo: discutes con tu pareja porque no te escucha, te revienta que no lo haga. ¿Escuchas tú? Ojo, que también pasa con cosas positivas, que es lo que sucede muchas veces cuando nos enamoramos.

Pues bien, en el contexto de una sesión de Reiki, si cuando terminas te parece que la persona en cuestión tiene bloqueada por ejemplo la garganta e interpretas que tiene dificultades para expresarse, y no puedes evitar decírselo, mira a ver qué te pasa a ti con eso y mira a ver si no estás hablando tú también de menos o de más. En resumen, mira a ver si lo que le vas a decir a quien tienes delante es realmente algo suyo o más bien una dificultad tuya que ni has reconocido ni te has trabajado. (Pista: Si lo que sientes durante la sesión lo sigues sintiendo cuando la persona ya se ha ido, es probable que sea tuyo).

 

2. Necesidad de aceptación y aprobación.

Ésta es una de mis favoritas. Puede que tengas la falsa creencia de que si, al terminar una sesión de reiki no das un «diagnóstico» a la persona que tienes delante, va a pensar que eres poco profesional, que no sabes lo que estás haciendo, o que vas a quedar mal, y en consecuencia, no va a quedar satisfecha con Reiki o, peor aún, contigo. Como si tuvieras que demostrarle algo, o como si el Reiki recibido tuviera menos valor si no se acompaña de una respuesta a la pregunta «¿Cómo me has notado?» al más puro estilo «¿Qué me pasa, doctor?» Como si fuera necesario darle un balance de los desequilibrios detectados para demostrar lo bien que lo has hecho.

Bien, pues siento decirte que no hace falta nada de todo eso. No es tarea del reikista hacer diagnósticos, como seguramente te diría la maestra que te inició. No es tarea tuya detectar bloqueos, ni desequilibrios, ni mucho menos detectar posibles disfunciones orgánicas, ni nada de eso. ¿Que se pueden detectar? Sí. ¿Que puede que tengas la sensibilidad suficiente como para percibir zonas donde fluye mejor o peor la energía? Estupendo. Pero te lo puedes guardar para ti, porque, repito, no es tarea tuya hacer diagnósticos, no eres personal sanitario, ni psicóloga, ni psicoterapeuta (salvo que lo seas, que entonces tendrás que valorar si están acudiendo a ti para que les hagas una sesión combinando las dos cosas o si únicamente quieren reiki). La tarea de la reikista es dar reiki.

 

3. Necesidad de autoafirmacion + Síndrome del impostor

Otra cosa que te puede estar pasando es que tú misma tengas conflicto con Reiki, como si no te acabaras de creer que funciona o cómo funciona, o que no confíes en tu capacidad de canalizar o en tu sensibilidad, y por eso necesitas una especie de validación. O que sientas que no tienes suficiente experiencia o capacidad para canalizar. Puede que, por ejemplo, hayas detectado que en el segundo chakra fluye peor la energía, entonces al terminar le dices a la persona que notaste su segundo chakra bloqueado, y cuando te contesta «Pues sí, de hecho estoy teniendo muchos dolores menstruales» por dentro tu ego se contenta y se hincha un poquitín pensando un «Bien, lo he detectado, qué buena soy, esto funciona y yo también». Confieso que a mí esto me pasó durante un tiempo, que durante la sesión iba como «anotando» mentalmente los bloqueos que sentía esperando luego la validación o confirmación del receptor. Si «acertaba» me ponía muy contenta, como que me reafirmaba en mi papel de reikista. Ya ves.

Bien, si esto te pasa, te digo dos cosas. La primera, que Reiki fluye sí o sí, y va a donde hace falta. No necesita que tú detectes nada, va a funcionar sí o sí. Y la segunda, confía en tu capacidad como canal sin necesidad de que te validen desde fuera. A ver, ¡que todos podemos ser canal! Eso te lo dicen en nivel 1, que no se necesita ningún don especial, y así es. Cuanto más confíes en ti y menor sea la necesidad de «hacerlo bien» (como si con reiki puedieras hacerlo mal…), mejor va a ir todo, porque mejor canal vas a ser. No recuerdo las palabras exactas, pero Hyakuten Inamoto, uno de los maestros de Reiki tradicional japonés más cercano a Mikao Usui que todavía viven, decía algo así como «Pon tus manos, sonríe, y quítate de en medio» 

 

4. Orgullo espiritual

Puede que, de alguna manera, el ego te esté jugando una mala pasada. Con orgullo espiritual me refiero a la sensación de que de alguna manera, tú, que eres reikista, te sientas «más trabajada» a nivel espiritual o de autoconocimiento y por ello superior a la persona que tienes delante. Entonces te ves con el derecho moral de interpretar lo que le pasa al otro, de dar soluciones que no se te han pedido y de desvelarle los misterios de las dificultades de su vida. Como si la otra persona por sí misma no fuera capaz de solucionar sus problemas y necesitara que tú le dieras tu luz. Entonces te colocas en una posición de poder respecto a la otra persona, «yo sé y tú no, y te digo lo que te pasa porque yo lo he sentido en la sesión y tú no lo sabes». Ojo con esto, porque puede ser muy descarado pero puede ser muy, muy sutil. Además, es necesario recordar que, como te decía antes, todos podemos ser canales de Reiki, y, de hecho lo somos. Si estás viva y existes es porque estás conectada a la energía del Universo, así de fácil. No es cuestión de méritos de ningún tipo. 

Si esto te pasa, revisa los puntos anteriores, porque seguramente se te está pasando por alto una necesidad oculta de aprobación, de sentirte útil, de sentir que sabes hacer lo que haces, de validación, reforzar tu autoconfianza… Y, si no es eso, recuerda siempre que tú eres un simple canal, trabaja la gratitud y la humildad, y reconoce que nada de lo que suceda en la sesión es cosa tuya, sino de una voluntad que va mucho más allá de la tuya, que es la voluntad divina.

 

5. Rol de sanador y salvador.

También puede suceder que atraigas a tu consulta personas muy desempoderadas, y que de hecho vienen a ti para recibir reiki pero, de alguna manera, se te «enganchan», colgando en ti toda la responsabilidad de su proceso, para bien o para mal. Si funciona, es que tú eres maravillosa, y si no funciona (que es lo más habitual, y por eso siguen viniendo), es que tú lo estás haciendo mal. Son personas que suelen estar cómodas en el papel de víctima, como digo, dejándote a ti todo el peso de su sanación. También suelen hacer muchas preguntas al acabar la sesión, esperando que les des todo un balance de cómo están y por qué. Lo que yo hago es responder un poco a la gallega, y si me preguntan qué he sentido respondo ¿Qué has sentido tú?

Atención a esto porque es fácil caer en este juego inconsciente, y colocarte en el papel de salvadora/sanadora. Y atención también porque aquí aplica el dicho «Dios los cría y ellos se juntan», así que mira a ver si estás atrayendo a este tipo de personas porque tú tienes interiorizado el rol de salvadora. Aquí el trabajo que tienes que hacer es de dejarle siempre muy claro a una persona con tendencia a engancharse que tanto los avances que obtenga como las resistencias con las que se tope son cosa suya, y su proceso está en sus manos. Tu papel es acompañarla y facilitarle la sanación, pero no eres sanadora. De hecho, ni siquiera Reiki es sanador, sino que es más bien conciencia (ya explicaré esto otro día). Sólo ella tiene ese poder.

Si la dificultad es tuya, y como te decía tienes tendencia a colocarte en el rol de salvadora, revisa el porqué y para qué lo haces, normalmente esa necesidad de aprobación, de sentirte útil, de ayudar, responde a una herida de abandono o de no sentirse lo suficientemente amada, reconocida o valorada.

 

6. Desconocer cómo funciona Reiki

Por último, y no por ello menos importante, la causa de que necesitemos interpretar y dar nuestro diagnóstico a la persona que tenemos delante puede responder también a desconocer cómo trabaja Reiki. En mis cursos suelo contarles a mis estudiantes que en realidad, las posiciones de las manos que aprendemos en nivel 1 son un «protocolo» que sirve para dar seguridad al reikista. Y es que sí, canalizar Reiki a todo el cuerpo, paso por paso, y en especial a los chakras, puede ser muy efectivo y, además, muy placentero. Pero sería igual de eficiente dar o darse Reiki sólo en un punto, por ejemplo en el corazón, y dejar que la energía fluya hacia donde tiene que ir. Aquí sucede también que en Occidente tenemos cierta tendencia a complicarnos la vida, porque perece que una herramienta demasiado sencilla no puede funcionar (o peor, parecería un timo), y entonces nos sacamos de la manga infinidad de técnicas, accesorios, posiciones específicas… Cuando Reiki, en realidad, es mucho más simple que todo eso (que oye, está muy bien, a mí también me gusta… pero falta falta, no hace).

Reiki es una energía inteligente, y, si lo sientes así y tienes en cuenta que es la propia energía del universo… ¿crees que dónde pongas o no pongas las manos y durante cuanto tiempo va a influir en el resultado? ¿Crees que tu voluntad es más potente que la suya? Aquí entramos en una de esas contradicciones de la espiritualidad, y te diré que desde un punto de vista, la respuesta a estas preguntas es que no, que nada de lo que tú puedas hacer puede afectar a la propia inteligencia del Universo, a la propia inteligencia de la Vida, de Dios. Desde otro punto de vista, el Universo, la Vida o Dios eres tú misma, así que de hecho es tu voluntad la que está trabajando, pero no a nivel de ego, sino a un nivel de conciencia muy superior. Un tercer punto de vista te diría que todo es una ilusión, una creación de tu mente, y nada es real, así que es absurdo siquiera plantearse todo esto.

Pero, por no liarnos y hacer todo esto más práctico, al nivel en el que estamos te sugiero que te quedes con que Reiki es una energía inteligente, que hace lo que tiene que hacer, que va donde tiene que ir, en el momento en que tiene que ir, y puede hacer su trabajo prescindiendo de tu interpretación, tu juicio y tu valoración. Es más, cuanto menos mente le pongas por medio al asunto, mejor va a ir todo, porque más puro y limpio va a ser tu canal. ¿A qué me refiero con «ponerle mente»? A interpretación, a análisis, a expectativa, a juicio, a opinión, a síntesis, a buscar causas, etc. Repito, tu función es ser un canal, así de sencillo, así de complicado.

 

Para terminar…

En definitiva, con todo esto lo que quiero decirte es que, como ves, Reiki es todo un camino de autoconocimiento y de crecimiento personal y espiritual, en el que trabajar el ego, la sombra, las resistencias, los condicionamientos y las dificultades del practicante es fundamental para ser buen canal. Pero no sólo para ser buen canal para poder ayudar a otros (si te sientes identificada con esto, haz un ejercicio de revisión de tus heridas), sino para poder ayudarte a ti misma y, desde ahí, expandir. Puedes aprender mucho, mucho, al iniciarte en Reiki, si tienes la humildad y las ganas suficientes como para querer aprender de ti misma, para ver cómo te las gastas, desde dónde, por qué y para qué haces lo que haces, con qué te encuentras, en qué caes… Todo un viaje.

Por mi parte ya solo recordarte que estoy a tu disposición para sesiones de Reiki a distancia (de momento he puesto en stand-by las actividades presenciales) y para cursos de todos los niveles. Tienes toda la info aquí y aquí. Y también puedes hacer una primera aproximación a Reiki o venir a practicarlo conmigo de forma gratuita aquí.

(Madre mía, pedazo de texto, hoy sí que me he venido arriba!!)

Feliz camino,

Irene.



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