Si me conoces personalmente sabrás que tengo muchísima estima a los animales en general, y que considero a los perros y gatos con los que vivo (dos y tres, respectivamente) como los grandes amores de mi vida, mis compañeros de viaje. Por eso me gusta tanto, en los cursos de Reiki que ofrezco, hacer hincapié en el reiki para animales. Y por eso te lo cuento en este post.

¿Sabes qué cosas hay que tener en cuenta a la hora de compartir Reiki con un animal, sea de la especie que sea?

 

Respetar la voluntad del animal. ¿Quiere reiki o no?

Lo primero, primero de todo, es el respeto a la voluntad del animal. Tenemos muy claro que para compartir Reiki con otra persona tenemos que pedirle permiso antes, ¿verdad? Pero, en cambio, creemos que con los animales es diferente, y que podemos hacer lo que queramos porque «es por su bien». Bueno, pues sí y no.

Efectivamente, Reiki, como energía inteligente que es, es siempre para bien. Pero ojo, eso no quiere decir que podamos pasarnos por alto la capacidad de decidir del animal, su libre albedrío, conviva con nosotros o no. Entonces, tenemos dos opciones.

  • Si tenemos habilidades de comunicación animal, o podemos recurrir a alguna comunicadora, lo suyo sería que les preguntáramos directamente si quieren o necesitan recibir Reiki. Esto, desde mi punto de vista, sería lo ideal en el caso en que el animal en cuestión esté pasando por un proceso de gravedad (físico o emocional), una enfermedad puntual importante o si les estamos acompañando en su proceso de muerte.
  • Si no podemos o no queremos recurrir a la comunicación, o si la cosa no es tan seria (si simplemente les queremos ayudar a aliviar un dolor, contribuir a su recuperación tras una operación, o compartir con ellos la energía sin mayor motivo), simplemente ofrecemos Reiki como veremos a continuación y observaremos (y respetaremos) la reacción del animal. ¿Se acerca o se aleja? ¿Huye despavorido con cara de miedo o se tumba relajado mostrándonos la barriga? No hay que ser demasiado avispada para darse cuenta de si quiere recibir Reiki o no: te lo hará saber con su comportamiento. Pero repito, por muchas ganas que tengas de ofrecerle Reiki, por mucho que pienses que le va a venir bien, si llegado el momento se va y no quiere saber nada de ti, respétalo.

Ten en cuenta que un animal sano está infinitamente más conectado que tú, por lo que seguramente será mucho mejor reikista que tú, especialmente si es un gato. Tampoco es lo mismo si es un animal que vive en libertad o semilibertad, en contacto con la naturaleza, que otro que viva contigo en un piso en la ciudad. Y no es que tenga yo nada en contra de los animales en pisos, no me malinterpretes (viví varios años con un perro y dos gatos en un piso de 37 metros en Madrid), sino que, estando en la ciudad, están más expuestos a contaminación (química, electromagnética…), más sometidos a nuestras rutinas y nuestras cargas emocionales, y, en general, con un acceso más restringido a aquéllo que les ayuda a regularse (la naturaleza, vaya). Lo que te quiero decir con esto es que no te pongas insistente para darles Reiki, que ellos saben qué necesitan y qué no mejor que tú y que yo.

reiki para perros

 

Vale, ¿entonces, cómo lo hago?

La primera vez que ofreces Reiki a un animal, especialmente si no convive contigo (el perro de tu amiga o de un refugio, por ejemplo), te sugiero que vayas poco a poco. Te doy una idea, paso a paso, tal y como yo lo hago.

  1. Siéntate cómodamente, mejor en el suelo si estás a gusto (si es un gato te daría un poco igual, pero si es un animal más grande, mejor en el suelo). El animal en cuestión estará en esa habitación, suelto, pero deja la puerta abierta por si quiere irse. Inicia tu sesión de Reiki como suelas hacerlo y ponte a canalizar, imaginando que toda la habitación o el lugar en el que estás se va llenando de luz y de energía sanadora. Si no eres muy buena con las visualizaciones, como yo, simplemente siente la energía a tu alrededor, y siente cómo va subiendo la vibra del lugar. Puedes imaginar o sentir que la energía Reiki entra por tu chakra corona y sale por tu corazón, o por tu hara (el segundo chakra, tan-tien inferior, bajo vientre), o por las palmas de tus manos, y fluye, fluye, fluye. Toda la habitación (o todo el lugar si estás al aire libre) se llena de Reiki, esta hermosa energía sanadora. Observa entonces qué hace el animal.
  2.  Si el animal se va inmediatamente (o está un poquito a tu lado y luego se va), continúa canalizando a ver qué pasa después, porque quizá al rato vuelva a entrar, y luego salga otra vez, y entre… Se está dosificando, y está tomando contacto con esto que quizá es nuevo para él. Puede que te mire extrañado, puede que haga alguna señal de calma incluso. Tú tranquilamente sigues ahí, quieta, en silencio. Si se ha ido y no vuelve en 10 minutos, puedes dar por finalizada la sesión e intentarlo otro día.
  3. Puede que el animal se quede ahí a tu lado, mirándote, observando qué estás haciendo, y al cabo de un poco se tumbe a tu lado (o, si es un gato, encima de ti), relajado. Bien, vamos bien. Al menos sabemos que está receptivo. Quédate un poquito más como estás, y espera a que haga otro movimiento. Si en 5 ó 10 minutos no ha hecho nada más, si no se ha ido, puedes pasar al punto siguiente. Si se va pero ya ha estado 10 minutillos ahí, seguramente ya no sea por desconfianza sino que ya ha tenido suficiente. Cierras tu sesión, y hasta otro día.
  4. Si el animal ya ha estado tumbado a tu lado, quizá se ha acercado, quizá incluso te ha mostrado la barriga, prueba a ponerle las manos sobre su cuerpecito (o cuerpazo, si es un caballo u otro animal más grande). Puedes ir poniendo tus manos chakra por chakra como harías con una persona, teniendo en cuenta que, si es un animal chiquitito, será suficiente con un par de posiciones de las manos o tres (incluso una, por ejemplo un pájaro). Si tuviera una lesión concreta o un dolor, pon tus manos sobre esa parte del cuerpo, tocando o no según te diga el sentido común (si hay herida abierta no toques, si hay mucho dolor o la zona está muy sensible, tampoco). Espera a que el animal te de muestras de que quiere cambiar de posición (deja las manos fijas y cambiará él), o se vaya y das por terminada la sesión. También hay animales que llegados a este punto están agustito y no se van a mover, entonces eres tú la que decides cuándo terminar. No hace falta que estés los 50 minutos que dura una sesión completa a una persona, puedes estar 10, 20, 30… o lo que vosotros queráis.

 

Cuando ya están acostumbrados

Si el animal que tienes delante está ya acostumbrado a recibir Reiki, bien porque sea tu compañero o por cualquier otro motivo, no hace falta que hagas siempre todo el proceso completo, puedes empezar directamente poniendo las manos sobre su cuerpo. Algunos animalitos lo reciben con mucho entusiasmo. Pero ojo, como en cualquier otro caso, si se va, se va; no insistas. Mis compis por ejemplo no siempre quieren Reiki, a veces lo reciben gustosos y están todo el rato que haga falta, a veces según estoy iniciando la sesión ya se van. Otras veces incluso yo creo que se resignan y me dejan que les dé porque a mí me gusta darles, pero sin mucho entusiasmo. Lo importante es, insisto, que respetes su voluntad y sus necesidades, como harías con cualquier otro ser.

 

Reiki para grupos de animales

Puede que te encuentres en la situación de querer dar Reiki a muchos animales a la vez, bien porque convivas con varios y no quieres hacer todos estos pasos con cada uno para no eternizarte, o porque estés en un refugio, un santuario, o con animales en libertad.

En este caso, te sugiero que te quedes en el primer paso que hemos visto: te sientas, empiezas a canalizar y dejas que la energía Reiki vaya llenando toda la habitación o el espacio en el que estás. Lo ideal es que cada uno de los animales que allí están tenga libertad para salir y entrar de ese espacio sanador que estás creando, pero esto no siempre es posible (quizá son animales que están en jaulas). En este caso, te invito a que seas especialmente cuidadosa y observadora. Lo primero, cuando inicies la sesión deja muy claro que todos los allí presentes son libres de recibir o rechazar la energía que estás canalizando. Lo segundo, si cualquiera de ellos da muestras de nerviosismo o de inquietud, para. Seguramente el animal que más nervioso se pone será el que más Reiki necesite, pero no fuerces la situación, ya probarás con ese animal concreto a nivel individual, siguiendo los pasos anteriores, en un momento en el que él pueda regularse, entrar y salir, hasta que coja confianza contigo y con el proceso.

Si todo va bien, y ves que, en general, la sesión de Reiki es bien recibida por todos y va favoreciendo la calma y el bienestar del grupo, puedes quedarte así tanto tiempo como necesites. Si los animales están en libertad y alguno se acerca, recíbelo, quizá hasta te deje poner tus manos sobre su cuerpo. Pero si no (o incluso si no pasa nada, si no ves reacciones especiales), no te preocupes, estás compartiendo Reiki para el mayor bien de todos, pero de una forma desapegada y libre de juicio y expectativa. Recuerda que el ego del reikista a veces no es fácil de colocar… No dejes que te domine el deseo de querer ayudar y te lleves un chasco si no notas nada especial. (Te sugiero que leas este post que publiqué la semana pasada).

 

Reiki a distancia

Otra opción es que envíes Reiki a distancia a un animal concreto, por ejemplo, si van a operarle, o está enfermo, o lo que sea. En este caso, como en todos, siempre tienes que contar con el permiso de su responsable, y esta persona, a su vez, debería tener en cuenta también la voluntad del animal. Insisto en esto porque, al enviar a distancia, puede ser tentador hacerlo sin permiso «porque le va a venir bien».

Si no podéis preguntarle al animal (imaginemos por ejemplo que está muy enfermo o inconsciente) o no sabéis hacerlo (y al hacer Reiki a distancia ya no es tan fácil ver sus reacciones), lo que puedes hacer como reikista es lo mismo que dijimos antes: al abrir la sesión dejas claro que el animal tiene total libertad para recibir o rechazar la energía que estás enviándole. Yo uso esta fórmula: «(Nombre del animal), esta energía Reiki es para ti. Siéntete libre de recibir la que necesites y rechazar la que no quieras».

El procedimiento sería el mismo que utilizas para enviar Reiki a distancia a una persona, utilizando los símbolos que aprendiste en nivel 2 y usando un papelito, una foto, un sustituto… (Si no recuerdas cómo es el procedimiento, escríbeme y te lo explico).

También podrías usar esta técnica para enviar Reiki a un grupo de animales, por ejemplo «los gatos de tu amiga», «los animales del santuario X» o «los patos del parque». Ojo, insisto una vez más, siempre con permiso de los animales o de sus personas responsables, y atención al complejo de salvadora, no te dejes arrastrar por tu deseo egoico de ayudar sin que te hayan pedido ayuda (si caes ahí, date mucho Reiki a ti misma).

 

Reiki para relaciones

Personalmente, me gusta y me parece muy útil enviar Reiki a la relación entre varios animales, normalmente lo hago cuando llega un nuevo miembro a la familia (también humano). La idea es que el proceso de adaptación del que llega sea lo más armónico posible para él y para el resto, y que, en general, la relación entre ellos sea, si no buena (que no tiene por qué serlo), al menos armónica para todos. No se trata de que tus animales sean los mejores amigos del mundo entre ellos, pero sí que, por lo menos, puedan convivir sin peleas y haya, como digo, armonía en la familia, ocupando cada uno su lugar y respetando todos el espacio de los demás.

En este caso, procederíamos exactamente igual que aprendiste en el nivel 2 de Reiki para sanar relaciones, utilizando los símbolos para enviar Reiki a la relación entre todas (y digo «todas» y no «ellos», porque tú eres parte de ese «todas»). Aquí ya no es tan imprescindible contar con su permiso explícito (que si se lo puedes pedir, mejor) porque en realidad estás armonizando una situación de la que tú eres parte, así que te estás enviando Reiki a ti misma también, a tu vida, a tu familia, y te estás haciendo responsable, además, de la parte que te toca, tanto si la cosa va bien y la convivencia es buena, como si no va tan bien y la relación es regulera o mala.

 

Para terminar…

En resumen, como ves, compartir Reiki con tus amigos animales no es nada complicado, sólo tienes que tener en cuenta varias cosas a la hora de hacerlo: que ellos son infinitamente más sensibles que tú y están mucho más conectados; que siempre siempre tienes que respetar su voluntad y dejarles vía de escape por si no quieren recibir Reiki en ese momento; y que, si te ves cayendo en la insistencia excesiva o en el enviar reiki sin permiso, tienes que vigilar un posible complejo de salvadora y darte Reiki a ti misma antes que pretender ayudar a los demás a toda costa.

¿Qué te parece, estás lista para compartir Reiki con tus compañeros peludos o alados?

Déjame un comentario y me lo cuentas.

También puedes ponerte en contacto conmigo para recibir una sesión de Reiki a distancia para ti o para tu compañero animal o aprender a practicarlo tú misma. Te dejo toda la información aquí y aquí.

 



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *