Tarde de Satsang en Sivananda

¡Hola!

Hoy os quiero hablar de mi experiencia en los Satsang de Sivananda. El término “Satsang” (Sat = verdad; sanga = compañía) se refiere a las reuniones de un grupo de discípulos con el maestro, donde se habla de temas basados en las escrituras o en las enseñanzas del gurú. En Sivananda (una de las escuelas de Yoga más importantes del mundo, que tiene sede también en Madrid) se celebran satsangs varios días a la semana, y, si bien es verdad que nunca me había considerado una Bhakti, tengo que decir que me han sorprendido gratamente por el estado de armonía con el que salgo de allí.

Como os comentaba, de los cuatro senderos del yoga (Raja, Jñana, Karma y Bhakti) el sendero devocional siempre ha despertado en mí cierto respeto, cierto rechazo. Quizá porque me recuerda demasiado al concepto que tengo de Iglesia cristiana, que es una fe que no comparto. Pero, a la vez, tenía curiosidad por participar en un satsang, que, no vamos a negarlo, recuerda bastante a una misa…

¿En qué consiste el Satsang? En Sivananda lo organizan así: 30 minutos de meditación sentada en silencio (guiada), 30 minutos de Kirtan o cantos devocionales y 30 minutos de lectura y charla sobre algún tema que podemos calificar tanto de espiritual como de crecimiento personal (temas tan sencillos como el trabajo de la concentración, o algo más específicos como el prana). Para terminar, un pequeño Arati, una ceremonia de ofrenda a los dioses y al maestro. Así que se puede considerar que en estos encuentros se recorren todos los senderos del Yoga. El Raja Yoga, la iluminación a través del control de la mente, de la meditación; el Bhakti Yoga, la iluminación a través del amor y la devoción, de la entrega de uno mismo a la divinidad; el Jñana Yoga, la iluminación a través del autoconocimiento y del estudio de los textos sagrados; y el Karma Yoga, la iluminación a través de la acción desinteresada, de la acción con desapego.

La meditación sentada se me hace casi corta. Es increíble el ambiente que se genera, cada uno a lo suyo pero todos juntos. Se crea una atmósfera muy bonita, y cuando terminamos cantando un OM grupal, la sensación que me deja es de total armonía, de paz interior, y de descanso mental, algo tan necesario en un tiempo en el que estamos bombardeados constantemente por infinidad de estímulos sensoriales. Después, el Kirtan, los cantos de mantras, acompañados del armonio, un instrumento parecido a un piano o un órgano, que tiene un sonido muy particular. Y para terminar, lecturas sobre la filosofía del yoga o temas de psicología muy fáciles de seguir.

Personalmente, nunca me he sentido demasiado cómoda con las ofrendas a los dioses y al venerar la figura del maestro, así que prefiero dedicárselos a algo más “ateísta” como la vida, o la propia divinidad que está dentro de todos, al grupo, a la unidad que conformamos. Pero lo cierto es que, al margen de todo esto, la sensación que tengo al salir de allí es, como os comentaba, de mucha paz, de calma, de quietud, cosas que a veces me cuesta conseguir de otra manera. Me gusta el silencio, me gusta meditar en OM, me gusta mucho cantar, y me encantan las charlas que cierran el encuentro, que, aunque sencillas, son muy instructivas.

Curiosamente, además, las veces que he ido se han tocado temas que esos días me estaban inquietando. Es como si la vida supiera (que lo sabe) qué necesito escuchar en cada momento, qué necesito cantar, qué necesito practicar, y me lo pusiera delante. Ayer, por ejemplo, fueron los cánticos a la madre los que más me llegaron (Kali, Sarasvati, Durga…), justo el día que retomé un trabajo que tenía pendiente con la esencia floral Mariposa Lily (de esto hablaremos en otra ocasión).

En fin, toda una experiencia.

Os dejo un video donde podéis ver un pedacito de uno de estos encuentros (éste creo que es en el ashram de Bahamas).

+ info: Satsang Sivananda

Om Namo Narayanaya,

Irene.

 

 

 

 

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