Matsyasana. Cuando Holly tiene que abrir su corazón

Matsyasana, la postura del pez, es otra de mis posturas favoritas. Equilibrio perfecto entre actividad y relajación, entre interiorización y apertura. Es una de las pocas posturas en las que, estando el apoyo en las piernas, los isquiones y los brazos, la espalda queda en el aire, ofreciendo una total expansión del pecho y la garganta, que se proyectan hacia arriba. La cabeza queda en un sutil contacto con el suelo.

Hablemos entonces de Holly. La rabia, los celos, la ira desmedida, la sospecha, el recelo. Holly vive enfadado, y muchas veces ni siquiera se da cuenta. Holly vive también tenso, una tensión que le hace saltar de una manera neurótica ante cualquier hecho que considera (consciente o inconscientemente) amenazante. Otro problema de Holly es que no sabe expresar su malestar, de manera que, o bien se lo traga y lo somatiza (en muchas ocasiones a través de erupciones cutáneas, de inflamaciones, de dolor intenso) o bien lo exterioriza de una manera explosiva (la pataleta, el numerito, el comentario hiriente o, en el peor de los casos, la agresividad).

Para entrar en Matsyasana partimos de la posición de tumbado, boca arriba, en el suelo. Las piernas pueden estar juntas y estiradas, cruzadas en un cruce fácil o en loto, y los brazos se colocan por debajo del cuerpo, con las palmas de las manos en el suelo, a la altura de las nalgas. Desde ahí, con suavidad y desde el empuje de los antebrazos y las manos, vamos elevando el tronco y la cabeza hacia arriba, alargamos bien el cuello y llevamos la cabeza hacia atrás para apoyar ligeramente la coronilla en el suelo. El pecho y la garganta quedan totalmente abiertos en un gesto de expansión absoluta. Podemos aprovechar para realizar respiraciones yóguicas completas, sintiendo cómo los pulmones se llenan progresivamente, desde el abdomen hacia las clavículas, sintiendo cómo el aire entra por nuestras fosas nasales y recorre la garganta, haciendo que el pecho se hinche como un globo y ganando con este gesto cada vez mayor apertura.

Imagen: Beatriz Hernández para Gangadhara Yoga

Esta postura trabaja sobre todo a nivel del 4º y 5º chakra. Hablemos sobre ello. De Anahata, el chakra del plexo cardíaco, dependen emociones tales como el amor incondicional, la compasión, la amistad y la paz infinita. Esto es precisamente lo que tiene que aprender todo Holly: que hay que abrir el corazón, ganando en empatía y compasión, que hay que aprender a gestionar esta ira contenida. Me imagino exhalando a través de esa garganta plenamente abierta y no puedo evitar visualizar la válvula de una olla a presión, que dosifica la salida del vapor para vaciarse de una forma más suave y progresiva. En Matsyasana el corazón está completamente abierto, expandido. No puede ocultarse, no puede esconderse, no le queda otra que estar así, ensanchado, ofreciéndose al mundo. Con cada inhalación se llena más y más de energía fresca, renovada y limpia. Con cada exhalación se deshace de lo viejo, de lo gastado, de lo contaminado. Este vaivén de respiraciones, además, produce una sensación de armonía difícil de explicar con palabras.

Pero, por si todo lo anterior fuera poco (y eso que no estamos contemplando los numerosos beneficios físicos como la irrigación de toda la médula espinal), tengamos en cuenta que, además, este asana estimula Vishuddhi, el chakra de la garganta, que se ocupa de la comunicación, de la expresión de nuestras ideas y emociones. Sin duda es algo que Holly también tiene que aprender, a expresarse de una manera empática, sin herir, encontrando la forma de hacer llegar al otro sus necesidades y deseos de una manera asertiva, sin exigencias, sin hostilidades. Esta posición dificulta ligeramente el habla, invitando a Holly a tomarse unos instantes para pensar y, sobre todo, para sentir, para centrarse, en lugar de saltar como un resorte ante cualquier estímulo que le disgusta. El hecho de que el pecho se expanda manteniendo la cabeza apoyada, nos recuerda, además, que, en muchas ocasiones, es el corazón el que tiene que tomar el mando y elevarse, dejando la razón descansando, por un rato, en el suelo.

Om Shanti, Shanti, Shanti.

Irene.

 

3 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *