De Yamas y Niyamas

Muchas de las personas que nos acercamos al yoga (me incluyo) lo hacemos sin saber muy bien en qué consiste, más allá de las posturas físicas y haber oído hablar de la meditación, pero sin tener muy claro qué es (¿sentarte a pensar y decir om?). Tendemos a identificar el yoga con una especie de gimnasia para la que hay que ser muy flexible y, de hecho, a mucha gente le echa para atrás su falta de elasticidad para decidirse a probar una clase. Y sí, desde luego que la práctica física es una parte importante del camino, pero ni es la única ni mucho menos la primera.

La mayoría de los principiantes desconoce que el sendero del Yoga, según Patanjali, comienza con los Yamas y Niyamas, todo un código ético que supone la base desde la cual emprender un proceso de crecimiento que, en última instancia, pretende llevarnos a ese estado de Unión que es el Yoga. Se trata de volver a reunir todas esas partes en las que nos hemos fragmentado, víctimas de nuestra propia ignorancia, y regresar a casa. Se trata de darse cuenta de que somos algo más que carne, huesos y una cabeza pensante, sino que, en realidad, somos, precisamente, eso que se da cuenta, que observa, que permanece. Somos, al fin y al cabo, conciencia.

Pero paso a paso, vamos por partes. Nos encontramos entonces con que queremos empezar la casa por el tejado, y pretendemos llegar al final del camino sin recorrer los primeros metros. Y estos primeros metros son los Yamas (abstenciones) y los Niyamas (observancias).

 

Yamas

 

  • Ahimsa. No violencia, bondad. Quizá el más conocido, pero muchas veces ignorado. Se trata de llevar una vida lo más respetuosa posible con el prójimo (ojo, humano y no humano) y con uno mismo. Empieza a plantearte si tus hábitos dañan a otros seres vivos de cualquier manera. Tampoco se trata de volverse loco, un mínimo de daño es inevitable (seguro que mientras caminas pisas un montón de insectos), la cuestión es darse cuenta y valorar cómo repercuten nuestras acciones en el otro. Enfocado hacia uno mismo, observa si tus hábitos te perjudican (¿fumas? ¿tienes una alimentación cuestionable?), si tu práctica de yoga o de cualquier actividad es excesiva, si tiendes a forzar… ¿Ponemos esencias florales? Podemos hablar de Holly (la agresividad, la rabia), de Vine (el despotismo, la tiranía), de Pine (la culpa), de Oak (el sobreesfuerzo)…

 

  • Satya. Veracidad, no mentir. Ay amigos, lo que nos cuesta esto. Se trata de ser lo más honesto que se pueda, sin confundir, claro está, sinceridad con falta de respeto. Date cuenta de qué pretendes cuando mientes, y por qué te asusta decir la verdad (sí, detrás de la mentira hay miedo). ¿A quién quieres engañar y por qué? O mejor aún, ¿para qué? Hablamos también de la coherencia interna: ¿están alineados tus sentimientos,  tus motivaciones, tus palabras y tus actos? En términos de esencias, según digo esto pienso en Deerbrush (alinear motivaciones), pero también en Chicory (que manipula), en Agrimony y Black-Eyed-Susan (que niegan y se esconden, mintiéndose a sí mismos), Centaury (el complaciente) y, yendo un poco más allá, en todo el grupo del temor.

 

  • Asteya. No robar, honestidad. Parece que la cosa de robar la tenemos muy clara, y seguramente dirás “uy, si yo no robo”, pero ¿te has parado a pensar en cosas que sí robas? Robamos tiempo, robamos energía, robamos ideas, robamos espacio. ¿Cuántas veces te has molestado porque alguien no te contesta al teléfono cuando lo llamas o escribes? ¿Cuántas veces has “enganchado” a alguien con una conversación que sospechas que no le interesaba demasiado? ¿Cuántos favores pides, o peor, exiges? ¿Cuántas veces los haces tú pretendiendo que algo te venga de vuelta cuando tú lo necesites? ¿Y eso que pagaste sin factura para evitar impuestos? Bueno, obviamente yo no estoy aquí para juzgar a nadie (quien esté libre de pecado…) La cosa aquí es, como siempre, darse cuenta. Vamos con las flores, pienso otra vez en Chicory (que absorbe), en Heather (el gran ladrón energético, diría yo), en Cerato (que necesita que los demás decidan por él), y en Impatiens, Vervain, Vine y Beech (que roban libertad).

 

  • Brahmacharya. Castidad, moderación. Éste es uno de los yamas que hay que contextualizar, ya que quizá tenga poco sentido a estas alturas habar de castidad como se entendía hace un par de siglos, pero sí podemos hablar de moderación y de transformación de las relaciones más instintivas y primarias en relaciones más cargadas de afecto, más amorosas. La energía sexual es una energía muy potente, todos sabemos que, reprimida, puede acabar por explotar de la peor manera, así que no tiene ningún sentido hacerlo. Pero una cosa es reprimir y otra evitar que nos arrastre, que nos secuestre, que nos domine. Como en todo, la virtud está en el término medio. Ponemos esencias, me viene Black Cohosh (relacionada también con Ahimsa, las relaciones oscuras, tirando a violentas), Basil (separación entre sexo y ternura), Cherry Plum (el descontrol, la compulsividad), y me vienen también, en el extremo opuesto, Rock Water, Pine y Easter Lily (los puritanos).

 

  • Aparigraha. No acumular, sobriedad. El Yama de los Yamas en la sociedad actual, tendente al hiperconsumismo, al derroche, al usar y tirar para volver a comprar. Vivimos obsesionados con el “cuanto más, mejor”. Casas cada vez más grandes y más repletas, trasteros y almacenes de alquiler proliferando como setas, centros comerciales gigantes que se convierten en la pieza fundamental de ocio familiar (¡y adolescente!) tanto en invierno (excusa: hace frío) como en verano (excusa: hace calor). Familias con 2 ó 3 coches para 2 ó 3 miembros, acumular, acumular, acumular… ¿en serio? Plantéate si es necesario todo esto, plantéate cuántas de tus cosas realmente utilizas y deshazte del resto, verás como, al tiempo, aprenderás a disfrutar del soltar y de la vida sencilla… y no veas lo bien que se está en casa con los estantes medio vacíos. En este contexto, pienso en estas esencias: Star Thisle (el gran acumulador por temor a la carencia… ¿qué es lo que no te dieron?), Larch y Buttercup (los acomplejados… ¿tener te hace sentirte más valioso?), Mímulo (el temeroso) y Walnut (despégate de la masa, de la moda, y haz tu vida).

 

Niyamas

 

  • Shaucha. Higiene, pureza. A estas alturas parece que la higiene se da por descontada, pero ¿qué pasa con otros tipos de higiene? ¿Cuidas tanto tu higiene interna como la externa? ¿Vigilas lo que comes y lo que bebes? ¿Ayudas al cuerpo a depurarse, o se lo pones difícil con comida basura, azúcares, refinados, chucherías…? Y todavía más allá, ¿vigilas la higiene mental? ¿Eres consumidor de toda clase de basura de ese tipo? Películas y series violentas, programas de cotilleo, conversaciones malsanas sobre política, corrupción y este tipo de cosas que, literalmente, te “envenenan”… ¿Frecuentas ambientes energéticamente densos? Ten en cuenta que somos lo que comemos (en todos los sentidos), así que, una vez más, ponle conciencia. Esencias florales, fundamentalmente, Crab Apple (el gran depurador, pero también para la obsesión patológica por la limpieza) y Manzanita (similar, pero más llevada al cuerpo físico), y también White Chestnut (la invasión de pensamientos).

 

  • Samtosha. Contentamiento, satisfacción. Muy ligado a Aparigraha. Sé feliz con lo que tienes, que, aunque no te lo parezca, es mucho, y agradécelo. Ojo, no queremos caer en el conformismo, no es eso. Está bien buscar el progreso, la evolución y la mejora, pero la diferencia es qué te mueve a hacerlo. Si tu motor es la ambición, la sed de éxito o de reconocimiento, estás en terreno peligroso. Si simplemente es la mera evolución natural, adelante. Pero ten presente que la gratitud es una de las cosas que más en paz te deja y que hace tu vida más rica y plena. Pensamos en flores: Trillium (la codicia en su máxima expresión), Vine (el tirano), Wild Rose (el apático), Gentian (el frustrado) y Gorse (el desesperanzado), Impatiens (el prisas), Beech (nada está a su gusto), Elm, Oak y Rock Water (los perfeccionistas, nada es suficiente).

 

  • Tapas. Austeridad, disciplina. Hablamos aquí de una disciplina gustosa, que nos deleita, no la disciplina introyectada de padres, maestros y otras figuras de autoridad. Hablamos del compromiso con la práctica, la perseverancia, el esfuerzo, que se dan de una forma natural, sin florituras ni imposiciones. El sendero del Yoga es un camino precioso de recorrer, pero, no nos engañemos, también es duro y exigente. Por eso, la constancia y la voluntad se hacen imprescindibles. Si el propósito es firme, la tentación de abandono se derrumba. Respecto a la austeridad, no es necesario tampoco vivir en el ascetismo más extremo, pero sí evitar los excesos que nos despistan. Llevar una vida sencilla, al final, nos deja mas libertad y nos conecta mucho más con nosotros mismos. Hablando de flores, nuevamente aparece Rock Water (el asceta), pienso, aunque no tengo muy claro por qué, en Sunflower (la autoridad confusa que oscila entre el egotismo y la falta de autoestima), en Vine (el tirano), en Pine (el ascetismo extremo, autocastigador), Walnut (la perseverancia en nuestro camino sin que nos desvíe la opinión ajena), Wild Oat (¿cuál es mi camino?), en Clematis (el que se pierde en las nubes por no tener buenas raíces)… seguro que hay más.

 

  • Svadhyaya. Auto-indagación, estudio. Bueno, qué os voy a decir yo de esto, que se me ve venir. En todo proceso de crecimiento es fundamental, FUNDAMENTAL, mirar hacia adentro. La vía, la que queráis. Puede ser la meditación, puede ser el proceso terapéutico, pueden ser (para mí, lo ideal) los dos. Pero, por mucho que nos empeñemos, toda práctica carece de sentido si no nos paramos a observar y escuchar qué se nos mueve por dentro, qué mecanismos utilizamos para defendernos (sí, vivimos defendidos, por eso estamos aquí), cuáles de nuestros comportamientos son respuestas que saltan como un resorte y cuáles son elecciones conscientes y responsables. Podría mencionar aquí todas las esencias florales de todos los sistemas, así que me voy a quedar con dos: Agrimony y Black-Eyed-Susan (los expertos en la negación, en el “aquí no pasa nada” cuando la realidad es que lo que pasa es que no quiero ver).

 

  • Ishvara-pranidhana. Devoción, meditación en la divinidad. Rendición a lo divino. Con esto no quiero decir que hay que empezar a ir todos los domingos a misa. No. Esto quiere decir que, en última instancia, nuestra naturaleza es divina, y a darnos cuenta de eso es a lo que pretendemos llegar con todo este sendero. Ríndete a la vida, ríndete al amor. Abre el corazón, entrégate. Deja los miedos a un lado (para eso, lo primero es saber cuáles son), porque, en esencia, eres inmortal y eterno, imperturbable. Esto, claro está, es fácil de decir pero más complicado de sentir. Pero la idea es ir, poco a poco, dejando atrás los miedos e ir ganando en compasión. Estamos aquí para aprender una valiosa lección: el amor. El amor a la vida. El amor a todo lo que nos rodea. La devoción entendida como esa admiración, ese maravillarse cuando, por ejemplo, nos encontramos en plena naturaleza o bajo el cielo estrellado y nos sentimos, de alguna forma, hermanados o incluso absorbidos en ese gran misterio del que formamos parte. Ésa es la rendición a lo divino. Todas las esencias florales persiguen acercarse a este sentimiento de amor incondicional e ilimitado. Me quedo con una: La Orquídea Amor.

 

Con el deseo de que este texto nos invite a la reflexión y nos lleve, poco a poco, a abrir estos corazones heridos que tenderán a unirse en un único latido.

Hari Om Tat Sat,
Om Shanti, Shanti, Shanti.

Irene.

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One Comment

  1. Yamas y Niyamas, los primeros pasos del óctuple sendero. Un sendero que todos tenemos marcado mucho antes de nuestro nacimiento y que ahora debemos recorrer.
    En el nos conoceremos a nosotros mismos y a los demás, mediante nuestras acciones, a pesar de las limitaciones que podamos tener o encontrar.
    Un camino para encontrar la verdad de la existencia y en cuyo final nos acercamos a Dios.

    ANTONIO BRAVO

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