Para la soledad y el desamparo… Angélica

Hace algún tiempo leí un artículo en un post de Facebook que se titulaba “Cómo emprender sola y con poco dinero sin morir de estrés en el intento“, o algo parecido. No recuerdo exactamente en qué punto estaba yo con Loto Verde, pero creo que aún no había dejado el trabajo ni había empezado a buscar local, aunque toda la idea de hacerlo había dejado de ser eso, una idea, para convertirse en un proyecto que tardaría más o menos en materializarse, pero que yo sabía que era cuestión de tiempo que lo hiciera. Entonces el artículo me resultó curioso, como si fuera una especie de aviso que me iba enviando la vida de lo que estaba por venir.

Poco tiempo después, de una forma sorprendente, todo mi proceso se fue acelerando, y desembocó en una baja laboral que me llevó a tomar la decisión de cambiar de aires, de escuchar eso que me estaba gritando dentro y que se abrió paso, al final, a través de una somatización en el cuerpo. Cinco meses después, nació la versión “off-line” de Loto Verde. Y durante ese tiempo, el artículo de Facebook resonaba en mi cabeza una y otra vez, casi a modo de advertencia.

Tengo cierta tendencia a buscar la autosuficiencia, de una forma que a veces raya en lo neurótico. Confío en la vida y en mis capacidades, y no voy a negar que prefiero hacer las cosas sola, a mi ritmo, a mi manera, dejando salir lo que llevo dentro y plasmándolo fuera. Soy perfeccionista, y no me contento con cualquier cosa. Sé que este “ir por libre” tiene muy mala prensa, porque se confunde con egoísmo. Pero yo no lo veo así. Algunas personas trabajan mejor en grupo, otras no, y no hay que darle más vueltas.

Y esto me lleva a pensar en la vida misma, más allá de la faceta profesional. Actualmente me encuentro ante un camino que quiero y necesito recorrer en soledad, aunque a veces pese, y aunque a veces sea juzgado e incomprendido. Cada uno toma sus decisiones, cada uno elige vivir a su manera. Algunos optan por formar una familia exclusivamente humana, otros queremos una mixta. Algunos optan por una vida convencional, otros queremos algo diferente. Algunos optan por una vida regida por los placeres corporales, otros por los placeres mentales, otros por los placeres del ego. Otros hemos empezado a descubrir qué significa vivir presentes, qué significa abrir el corazón, y pretendemos seguir por esa vía, que, si bien es cierto que no siempre es fácil, nos hace sentir más plenos. Algunos optamos por soltar lastre y seguir adelante.

Nadie dijo que cultivar el desapego fuera sencillo, porque ya no hablamos de desapegarte de cosas materiales, que también (al estilo del minimalismo); sino que te das cuenta de que tienes que desapegarte también de muchas personas. Esto no implica darles la espalda, pero sí implica que tu bienestar no dependa de ellas, de su presencia ni de su compañía. Aprender a estar bien cuando se está solo y estar igual de bien cuando se está acompañado, pero no necesitar ni engancharse. Pero claro, a veces todo esto resulta complicado. Este proceso requiere de una gran dosis de presencia y de silencio. De no juzgarte por ser juzgado, ni tampoco juzgar a los que te juzgan. De aceptar las críticas y comprender el posible dolor de quien las hace. De no dudar de que tu decisión es la correcta, y confiar en que todo sucede sin esfuerzo, de forma natural, aunque a veces no lo veas y dudes. Y confiar también en que estás plantando en ti y en otros la semilla del amor y de la compasión, sin imposiciones, simplemente, como dijo Gandhi, “siendo el cambio que quieres ver en el mundo”. Quizá con ello se despierten la curiosidad y la necesidad de cuestionar el tipo de vida que llevamos y los valores que tenemos. Pero, sobre todo, desapegarte de condicionamientos familiares, sociales y culturales (en la medida de lo posible) y “tirar para adelante” escuchando la voz que te sale de dentro y no las que te llegan de fuera.

Y aquí llegamos, muchas veces, a un punto en el que esta soledad elegida (muy Water Violet, todo sea dicho), tanto en la faceta personal como en la profesional (la soledad del emprendedor) te deja a veces triste, y te deja a veces con cierta sensación de desamparo. Creo que ésta es una de las sensaciones más descorazonadoras que se pueden tener. Y te encuentras en una polaridad entre la ilusión y la alegría de seguir tu camino despojándote de lo que te sobra, y la tristeza y el desamparo que te sobrevienen. Creo que ya he comentado en otro post (no sé ahora mismo en cuál) algo que me dijo una alumna en un curso de Reiki: “el ser humano tiene necesidad de trascendencia“. Creo que en la sociedad actual -occidental- hemos caído en un abuso del racionalismo materialista-científico. “Si no lo veo, no lo creo”; “si no lo comprendo ni lo puedo explicar, no existe”, basado, en mi opinión, en el temor a lo desconocido y a nuestro propio potencial. Y esta actitud creo que nos saca completamente de la vía del corazón y nos aleja, así, de lo trascendente. Pero, también es cierto que, cuando vienen mal dadas, la mayoría de nosotros nos encomendamos a algo superior (“Dios mío, no me dejes sola” y similares). Y esto lo hacemos de una forma natural, porque en nuestro fuero interno sabemos que hay algo más allá, o, mejor dicho, que somos algo más allá de lo que vemos.

Por eso me gusta tanto la esencia floral Angélica. El amparo, el cobijo, el arrope. El sentirme acompañada y guiada por algo que me trasciende (que no es otra cosa que yo misma en un nivel de conciencia superior). La calma que te aporta una madre, la Gran Madre. El cobijo que te da la naturaleza en su máximo esplendor. El refugio del bosque. La confianza en que todo va a salir bien. Una esencia que me ha aportado mucho, muchísimo, en todo este proceso.

Muchas veces pienso que esta sensación de soledad es inherente a la vida misma, a la evolución de la conciencia, y que quizá sea, por lo tanto, una sensación natural. Si nos remitimos a la filosofía Vedanta, por ejemplo, sabemos que todo lo que percibimos como algo ajeno a nosotros no deja de ser una ilusión (incluidos el cuerpo, la mente, la sombra, el ego…), una proyección de nuestra propia mente. Si puedes observarlo, es porque es un objeto, entonces no eres tú, el sujeto. Tú eres la conciencia que se da cuenta de que todo lo que te rodea son objetos creados por ti mismo. Tu entorno, tu familia, tu personaje, tu cuerpo, tus pensamientos, tus emociones, tus necesidades, tus deseos… todo son objetos que puedes observar, luego nada de eso eres tú. Tú eres el Atman y, por tanto, Brahman, eterno, inmortal, inmutable. Todo es Brahman, y no hay nada más que eso, Conciencia Pura, Absoluta. “Todos somos Uno”, dice la Nueva Era. Todo es Brahman: las piedras, las plantas, los animales, todo lo que tengo delante, yo misma soy Brahman, y tú que me lees eres otro reflejo de Eso mismo. Por lo tanto, sólo hay Uno, una única conciencia… Soledad en estado Puro.

 

Hari Om Tat Sat
(Sólo lo Absoluto es Real)

Irene.

 

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2 Comments

  1. Yo no lo podia haber conlcuido mejor..”Soledad en estado puro”.
    Tendemos a crearnos imaginarios en el que incluimos a las personas como parte de nuestra felicidad, cuando realmente todo brota de nosotros.

    Nadia

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