Uttanasana. Cómo enraizar a un Clematis.

Clematis es ese tipo soñador que se pasa la vida en la luna divagando, fantaseando, sin prestar ningún tipo de atención ni a las circunstancias presentes ni a sí mismo. A Clematis le cuesta concentrarse, le cuesta estar centrado, y entonces se despista y se ausenta. Pero, a diferencia de otras tipologías del tercer grupo de Bach, lo suyo no es un efecto del agotamiento o la apatía, sino que su problema radica en la falta de sentido de la realidad, en el querer estar más en sus ensoñaciones y su imaginación que en su vida y circunstancias actuales, que sin duda encuentra menos atractivas. Clematis se vuela, y de tanto volar, se olvida de poner los pies en el suelo y volver la mirada hacia sí mismo. Un claro ejemplo de falta de “aquí y ahora”.

Pensemos entonces en un asana que podría beneficiar a Clematis. La primera necesidad que tiene una personalidad soñadora como ésta es, sin duda, la toma de tierra, un asana que favorezca el enraizamiento y estimule el primer chakra, Muladhara, el chakra de la conexión con la realidad, con las necesidades físicas más reptilianas: la comida, la seguridad, la pertenencia a la tribu o al grupo de referencia. La segunda necesidad fundamental de Clematis es aprender a mirar hacia adentro, la interiorización, la capacidad de concentración, limitar las oportunidades de evasión permitiéndole centrarse.

Pensar en todo esto me lleva directamente a Uttanasana, la postura de la pinza. Para entrar en ella, nos colocamos de pie, con las piernas y los pies juntos y activos. Elevamos los brazos a los lados de la cabeza con la inspiración, permitiendo a nuestra columna y costados alargarse, y al espirar nos vamos flexionando hacia adelante desde la articulación de la cadera (no desde mitad de la espalda), manteniendo el alargamiento de la columna, hasta colocar las manos a los lados de los pies, en el suelo. El tronco se dirige hacia los muslos, las nalgas miran hacia el techo y el cuello y la cabeza quedan relajados, sin tensión. Esta postura supone un alargamiento profundo de toda la musculatura posterior de la espalda y las piernas, por lo que, para hacerla con seguridad si no tenemos las piernas lo suficientemente flexibles, podemos doblar las rodillas, garantizando que la espalda (la zona lumbar en especial) no sufra. Un vez plegados tratamos de concentrarnos en la respiración, observando su suave movimiento y el masaje que nos produce, sobre todo a nivel abdominal.

Uttanasana tiene muchos beneficios físicos además del estiramiento de toda la musculatura posterior del cuerpo: aumenta el riego sanguíneo a la cabeza y la zona de la médula espinal, masajea los órganos abdominales, tonifica los nervios ciáticos y tiene efecto sedante sobre el sistema nervioso. Pero, además, este asana mejora la capacidad de concentración y de interiorización, ya que, por un lado, nos obliga a prestar una atención constante y plena hacia toda la musculatura para mantener la posición, sin abandonarnos, ya que esto podría poner en riesgo nuestra columna. Por otra parte, al estar plegados sobre nosotros mismos, nuestro campo de visión se reduce a eso, a nuestro propio cuerpo, y nuestro sentir se dirige a la respiración, al trabajo de la musculatura y al enraizamiento de los pies.

A nivel del trabajo energético, Uttanasana incide especialmente en el primer chakra (también sobre el segundo), ése que Clematis necesita estimular para recuperar el arraigo que le falta. Precisamente por eso, por estar sustentados firmemente sobre la base de los pies y mirando hacia adentro, creo que todo Clematis podría beneficiarse de la práctica de esta postura, que le va a aportar una buena dosis de toma de tierra.

Uttanasana, además, forma parte de la serie de posturas que componen Surya Namaskar, el Saludo al Sol, un ejercicio dinámico que aporta una gran movilidad y flexibilidad al cuerpo y nos llena de esa energía y vitalidad que también necesita Clematis.

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