Vrksasana y el desequilibrio Scleranthus

Cada vez que hago Vrksasana, la postura del árbol, me invade una sensación de equilibrio y de paz infinita. Es por esto que me he parado a reflexionar sobre qué tipología floral se vería más favorecida al realizar esta postura… y me viene a la cabeza Scleranthus.

Scleranthus, ese tipo que no sabe si va o si viene, si A o si B, si blanco o si negro. Scleranthus, que duda y se mueve continuamente entre dos polos y que, a fuerza de tanto dudar, queda inmóvil y perennemente indeciso. Scleranthus, a quien esta situación atormenta, que se tambalea constantemente de un lado para otro.

Entrar en Vrksasana de forma pausada supone ir sintiendo poco a poco el enraizamiento de Pada Bandha y la firmeza del suelo bajo un pie bien abierto. Una vez ajustado el otro pie en el muslo o en medio loto, activamos bien la pierna de apoyo para dar estabilidad, llevamos las manos juntas al pecho y nos aseguramos de que hemos establecido adecuadamente nuestro centro, que es ahí, en el pecho, donde reside. Después, por fin, proyectamos nuestros brazos y manos hacia arriba en una combinación perfecta entre la ligereza y el arraigo, tratando casi de tocar el cielo desde el empuje del pie en la tierra.

Pienso en lo beneficioso de este asana para cualquier persona, pero especialmente para un Scleranthus. Como la mayoría de las posturas de pie, Vrksasana trabaja el primer chakra, el centro de conexión con la tierra, con la realidad, con nuestras necesidades más primitivas. No puede haber desarrollo espiritual sin un contacto con la realidad bien firme. El árbol no florece si no tiene buenas raíces.

En esta postura no cabe el tambaleo, no cabe la duda. Hay inmovilidad, sí, pero no es la inmovilidad Scleranthus, que es producto de la indecisión y de la duda. En Vrksasana la inmovilidad se debe a la serenidad, al equilibrio, al correcto establecimiento de los pies en la tierra. Es, además, una postura lateralizada (se construye primero hacia un lado y luego hacia el otro), lo que nos ayuda a darnos cuenta de hasta qué punto son diferentes nuestros dos polos. ¿Nos enraizamos mejor con el pie derecho o con el izquierdo? ¿Somos capaces de mantener nuestro centro equilibrado y nuestra serenidad desde ambas bases por igual, o hay alguna que predomina?

Vrksasana, además, nos proyecta hacia arriba, nos eleva, nos da ligereza. Nos invita a conectar con un plano más elevado. Si además llevamos la mirada hacia las manos, hacia el cielo, estaremos dirigiendo los ojos hacia el entrecejo en Shambhavi Mudra, estaremos activando el centro psíquico de la conciencia, Ajna Chakra, la conexión con nuestra sabiduría interior, nuestra intuición. Este mudra, además, estabiliza y silencia la mente, algo tan necesario para un Scleranthus en plena efervescencia.

Imagen: Beatriz Hernández para Gangadhara Yoga

Om Shanti, Shanti, Shanti.

Irene.

 

 

 

 

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